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domingo, 25 de diciembre de 2016

UNA HISTORIA DE AMOR

Una Historia de Amor

 
Una Historia para el 14 de Febrero de cualquier año.

 

Hoy es San Valentín.
 
El calendario Romano señaló esta fecha para recordar a dos Santos, uno de ellos es San Valentín. 
La Historia o la Leyenda nos dice, que fue sacrificado porque se dedico a casar parejas, aun cuando el emperador Claudio II lo había prohibido. 
Si lo del sacrificio fue verdad, creo que no es cosa de broma, sino de toda admiración, pero en todo caso él nombrarlo es toda una excusa para que en un día como hoy, sea ineludible, aunque no forzoso, hablar de Una Historia de Amor. 
Las historias de Amor, son claramente seguidas, por un sector importante de la sociedad. 
El Amor que dos personas pueden demostrarse, llegando a situaciones limite, es de interés y ejemplo para muchos. 
En las historias de Amor siempre hay tintes de drama, es difícil expresar el Amor, normalmente va acompañado de dolor y sacrificio, ya dice la Biblia que el Amor es sufrido.

Love History, chica muere, La fuerza del cariño, chica muere, Romeo y Julieta, chico muere, chica muere.
 
Me gustaría contaros en breves minutos Una Historia de Amor.
 
Me gustaría que reflexionáramos, porque en ella hay  grandes lecciones.
Para no daros pistas, algunos nombres, escenas y fechas se han cambiado con el fin de cautivaros y sorprenderos con el final.
Todo empezó, cuando en el pasado un Rey decidió tomar esposa para su hijo.
Mientras que el príncipe era apuesto, sabio y buena persona, la elegida novia no tenia ningún atractivo y en un lenguaje actual ni siquiera era del montón.
¿Que vería el Rey en esa joven?, ¿Que cualidades tenia?, No lo sé, pero el Príncipe de siempre fue obediente a su padre, se dispuso a hacer un largo viaje para conocer a la que seria su futura esposa. 
La novia no pertenecía a la nobleza ni era de rango para el príncipe, ella no albergaba ninguna esperanza de que el príncipe se interesara por ella y a la vez eran muy diferentes, él era serio y pausado, mientras que ella era traviesa e inconstante. 
Por alguna rara razón no estaba ilusionada, todo lo contrario a lo normal de toda jovencita cuando se le dice, que un príncipe viene por ella. 
La verdad es que la joven, en los pequeños círculos se hablaba muy mal de ella y su reputación era más que dudosa. 
¿Qué vería el Rey en ella?. 
El día señalado para el encuentro, cuando el joven llego a la ciudad, le precedieron cantos y fiesta, pero ella no asistió. 
¿Qué pasaba?, No se sentía preparada, habían muchas cosas que refinar en ella y no estaba a punto, no se veía como futura Reina. 
Ella prefirió huir y correteando por caminos que la alejaban del encuentro. Corriendo por las sendas huyendo de la ciudad, tropezó y al caer quedo inconsciente, sus ropas estaban sucias y sangraba por las heridas hechas con la maleza. 
Él buscaba entre la gente, deseoso de ver a la joven, pero no aparecía, por lo que decidió salir a su encuentro preguntando y recorriendo  por los caminos cercanos, después de mucho rato la encontró. 
La escena me recuerda la cita de las escrituras de: 
Ezequiel  16:5-13 
No hubo ojo que te tuviese lástima, para hacer por ti alguna de estas cosas, teniendo compasión de ti. Al contrario, el día en que naciste, fuiste echada sobre la superficie del campo con repulsión por tu vida.
Pero pasé junto a ti y te vi revolcándote en tu sangre. Y estando tú en tu sangre, te dije: ¡Vive! Te dije: ¡Sí, vive en tu sangre!.
Te hice crecer como la hierba del campo. Creciste, te desarrollaste y llegaste a la flor de la juventud. Tus pechos se afirmaron, y tu cabello creció; pero estabas desnuda y descubierta.
Pasé junto a ti y te miré, y he aquí que estabas en tu tiempo de amar. Entonces extendí sobre ti mis alas y cubrí tu desnudez. Te hice juramento y entré en pacto contigo; y fuiste mía, dice el Señor Jehová.
Te lavé con agua, limpié la sangre que tenías sobre ti y te ungí con aceite.
Te vestí con un vestido de colores variados, y te calcé con sandalias de cuero fino. Te ceñí de lino y te cubrí de seda.
Te adorné con joyas; puse brazaletes en tus manos y un collar en tu cuello.
Puse un zarcillo en tu nariz, aretes en tus orejas y una corona de hermosura sobre tu cabeza.
Fuiste adornada con oro y plata; tu vestido era de lino, de seda y de tela bordada. Comiste harina fina, miel y aceite. Llegaste a ser sumamente bella y alcanzaste la realeza. 
Siguiendo la historia, él al verla, al preocuparse de ella, al tomarla en sus brazos, se enamoro perdidamente y ella cuando volvió en si, al verlo, las lagrimas acudieron a sus ojos viendo su bajeza y rodeada de tal favor, le dijo que le amaría por siempre. 
Un gran encuentro y de la manera que menos podía esperar, no olvidaría nunca ese momento. 
Después de unos días el príncipe tuvo que volver a palacio para preparar la fiesta de la boda y lugar para ella; no olvidando dejar ordenes claras a cerca de la instrucción que debería tomar ella para llegar a ser la Reina.
 
Como sea que paso el tiempo, ella fue olvidando su primer Amor y jugueteo con amistades no convenientes y cada vez la idea de ser una futura Reina se difuminaba en su corazón, en su andar tropezó varias veces con la justicia y el resultado fue claro para los jueces, fue encarcelada debido a sus múltiples errores. 
Cuando llego a oídos del Rey la situación de ella, mando al Príncipe para saber del caso, al llegar el Príncipe le informaron que solo el Rey podría dictar un indulto con el fin de darle la libertad, pero el Rey tenia fama de justo y no podía utilizar la justicia para su antojo. 
Al ser informado, el Rey converso con su hijo y le dijo, “Amado mío” ¿Amas a tu prometida?, Él le dijo, SI, luego para que la justicia sea satisfecha, tu tomaras el lugar de ella y así será libre y vivirá. 
También me recuerda esta escena a un pasaje bíblico, que dice:
 Colosenses, 2:13-17
 
Mientras vosotros estabais muertos en los delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, Dios os dio vida juntamente con él, perdonándonos todos los delitos.
Él anuló el acta que había contra nosotros, que por sus decretos nos era contraria, y la ha quitado de en medio al clavarla en su cruz.
También despojó a los principados y autoridades, y los exhibió como espectáculo público, habiendo triunfado sobre ellos en la cruz.
Por tanto, nadie os juzgue en asuntos de comida o de bebida, o respecto a días de fiesta, lunas nuevas o sábados.
Todo ello es sólo una sombra de lo porvenir, pero la realidad pertenece a Cristo.
 
Una Historia de Amor, que cuenta que cada día ella iba a la cárcel para verle y que él era más feliz viéndola libre que viviendo él. No hay Amor tan grande. 
Una Historia de Amor, en la cual cada uno de nosotros somos protagonistas porque somos la joven Iglesia a quien Cristo ama y desea como esposa.
 
¿Nos estamos preparando para ser la Reina del Cielo.?, ¿Nos leemos bien las instrucciones para ser refinados, ser justos y poder reinar.? 
Somos la joven Iglesia a quién Cristo ve hermosa, ¿Cómo la ves tu?, a quien Cristo ve sin mancha, ¿Qué manchas le ves tu?. 
Dice la escritura que tengamos la mente de Cristo, tengamos también sus ojos. 
La realidad pertenece a Cristo, debemos acercarnos a Cristo para ver la realidad. 
¿Ves tú a Cristo detrás de cada hermano o hermana?. 
El tomo nuestro lugar y la Vida y la Libertad ahora están en nuestras manos, es su herencia. ¿Cómo la usamos?. 
Juan, 7:38
 El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su interior.
 Apocalipsis, 19:5-16
Entonces salió del trono una voz que decía: "¡Load a nuestro Dios, todos sus siervos y los que le teméis, tanto pequeños como grandes!"
Oí como la voz de una gran multitud, como el ruido de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, diciendo: "¡Aleluya! Porque reina el Señor nuestro Dios Todopoderoso.
Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su novia se ha preparado.
Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, resplandeciente y limpio." Porque el lino fino es los actos justos de los santos.
El ángel me dijo: "Escribe: Bienaventurados los que han sido llamados a la cena de las bodas del Cordero." Me dijo además: "Estas son palabras verdaderas de Dios."
Yo me postré ante sus pies para adorarle, pero él me dijo: "¡Mira, no lo hagas! Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús. ¡Adora a Dios! Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía."
Vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero. Y con justicia él juzga y hace guerra.
Sus ojos son como llama de fuego. En su cabeza tiene muchas diademas, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino él mismo.
Está vestido de una vestidura teñida en sangre, y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS.
Los ejércitos en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino fino, blanco y limpio.
De su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y él las guiará con cetro de hierro. El pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.
En su vestidura y sobre su muslo, tiene escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.
 
                                                                                                 David Ibáñez
 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

EL MENSAJE OÍDO DE ÉL

                                 EL MENSAJE OÍDO DE ÉL
                                      Lectura.  1ª.Juan. 1:1/10
                                           Texto: 1ª.Juan.1:1
Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida.

            El Apóstol San Juan, se propone en esta epístola dar testimonio, una vez más, de Cristo como nuestro salvador, vinculando esta realidad a todos a Cristo y por medio de Cristo a Dios, con el fin de que nuestra comunión verdaderamente sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo, lo cual proporciona cumplido gozo.
            Este gozo que proporciona la comunión con el Padre y con el Hijo, trae como consecuencia que nuestro caminar sea en la luz, como él está en luz, induciéndonos de esta forma a la comunión unos con otros, haciéndonos participes de su gracia al ser limpios por su sangre de todo pecado.
            El apóstol se presenta ante todos nosotros como un fiel testigo, y afirma una realidad vivida que nos revela en primer lugar, la eternidad de nuestro Señor Jesucristo al decirnos: “Lo que era desde el principio”  relacionándolo sin duda, con su evangelio que empieza así: “En el principio era el Verbo” Y sigue atestiguando por lo que él mismo vio, consideró y tocó con sus propias manos; es un peculiar estilo de testificar de Cristo empleando los sentidos, anunciando de este modo, que lo que oyeron, vieron y palparon, era al Verbo de vida. ¿Y cómo pudieron tocar con sus manos al Verbo de vida?  Porqué,  aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros y sigue diciendo: (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre) lleno de gracia y de verdad. (Jn.1:14)  Continua el apóstol (porque la vida fue manifestada, y hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)

            I.- LA EXISTENCIA ETERNA DEL VERBO
            El autor de esta epístola sigue dando énfasis y repitiendo esta realidad incontrovertible de la encarnación de nuestro Señor Jesucristo, como el Verbo de vida, la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó. Esta manifestación de la vida eterna, esto es. La vida de Dios en Jesucristo, es para Juan de una certeza absoluta y debe serlo para nosotros también mis queridos lectores: El había oído hablar al Señor Jesús de su eternidad cuando dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Jn.8:58)  Recordaba sin duda las palabras de Jesús en el huerto de Getsemaní cuando oraba así:
“Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn.17:5)  y esta otra manifestación: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre.” Jn.16:28
            Juan sabia que Cristo existía antes que se crearan todas las cosas visibles, habría leído en Prov.8:29/30 “Cuando establecía los fundamentos de la tierra, con él estaba yo ordenándolo todo.”  Todas estas cosas había oído tocante al Verbo de vida y vivió para declarar esta verdad y su objeto principal, era el trasladarnos su propia experiencia ratificando con ella, que aquel por quien todas las casas subsisten, sus orígenes eran eternos como él es eterno, y que al manifestarse trajo consigo la vida eterna para todos los mortales.
            II.- ÉL, ES LA VIDA ETERNA
                Una y otra ver más, el apóstol vuelve a retraer su testimonio con respecto a la vida eterna que estaba en el Padre y nos ha aparecido; y se apresura a decir lo que hemos visto y oído es lo que os anunciamos. ¿Pero qué es lo que vieron los apóstoles?  Pues vieron resucitar a la hija de Jairo, al hijo de la viuda de la ciudad de Nain, y como llamó a Lázaro que saliera del sepulcro, después de 4 días muerto. (Lc.8:54 – Lc.7:11 y Jn.11:43)
            Con razón el apóstol Pablo escribió: “Ahora ha sido manifestado por la aparición de nuestro Señor Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2ª. Tim.1:10) ¡Y cómo no testificar de aquel que era la vida eterna! cuando les decía: “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Jn.5:21-24) “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” (Jn.11:25/26)  otras referencias en Ro.4:17- 8:11- Efe.2:5 –Col.2:13)
            Su certeza sobre la vida eterna le llevó a escribir: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1ª.Jn.5:20)  Y sigue diciendo que la suma de todo lo oído y visto, esto mismo es lo que pudieron palpar con sus manos, porque aquel verbo encarnado, “hecho mucho más excelente que los ángeles” se ofreció para ser tocado-palpado después de su resurrección, por las manos del discípulo, quien tocó y exclamo; “¡Señor mío, y Dios mío) (Jn.27:28) así qué, por tocar al que se hizo hombre, confesó a Dios. ¡Bendito sea Dios, quien quiso tener por testigos a los hombres, a fin de que los hombres téngannos por testigo de Dios! (Hch.5:32 – 1ª.Tesl.2:10)
            “Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido”  ¡Que mejor gozo que el tener comunión con  Padre y con su el Hijo Jesucristo!  El eterno se hizo hombre para manifestarnos la vida eterna que había en él, y quiere hacernos participes y tener en común esta vida eterna; pero para ello nos dice, que en Dios no hay ningunas tinieblas, porque él es luz y nuestro andar ha de ser en la luz y no en tinieblas, toda vez que su sangre derramada en sacrificio expiatorio por todos nosotros, nos limpia de todo pecado que fue la causa de que anduviéramos en tinieblas.
            Mis queridos amigos, ¿puede haber más gozo que el saber que apropiándonos por la fe ese sacrificio, su sangre nos limpia de todo pecado?

            III.- SI ANDAMOS EN LA LUZ
            El esfuerzo manifiesto por testificar de la eternidad de Cristo y presentarlo como el Verbo de Vida, y la vida eterna, le lleva al apóstol a declararnos que Dios es Luz y por lo tanto, no hay en él ninguna clase de tinieblas que pudiera  inducirnos a la duda; toda vez que esa luz en la persona de su Hijo se manifestó. “Yo soy la luz del mundo; dijo Jesús, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn.8:12)
            Y el andar y el tener comunión con él, denota una actitud de aceptación y práctica de la verdad revelada; y tal sea la manifestación en nuestras vidas de esta realidad la comunión -unos con otros- se realizará sobre la base de la verdad, la santidad y del amor, que son patrimonio de Dios a cuya comunión hemos sido llamados; una actitud contraria a este andar, traerá como consecuencia estar en tinieblas y este pecado obraría en las relaciones –unos con otros- como un elemento de distorsión.
            Estamos ante unas declaraciones sorprendentes que deberían hacernos reflexionar responsablemente; pues si bien la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado y su acción es permanentemente purificadora, el apóstol es consciente de cuan débiles y frágiles somos y asume la realidad humana que, por circunstancias de la vida, pudiéramos vernos envueltos en las tinieblas del pecado y estima de esta forma, que nadie se tenga por cabal o justo (el que piense ser justo…) recomendándonos el constante ejercicio de la humildad mediante la confesión reconociendo nuestras flaquezas y siendo sinceros con nosotros mismos.
            Mirad al apóstol como cuida su humildad; él cuyo privilegio le fue otorgado reclinar su cabeza en el pecho de nuestro Señor Jesucristo y sentir el latido de su amoroso corazón; sale al paso de tales circunstancias y nos dice: “Os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, no pierda esperanza, allí esta Jesucristo el justo, -tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado; (Hbr.4:15)  no temas porque la confesión pertenece a la humildad y esta fortalece el amor. Di lo que tú eres, mi paciente lector, a Dios y Dios dirá de ti lo que eres para él: “somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser….(1ª.Jn.3:2)
            Cuanta condescendencia y humildad nos muestra el apóstol, prefirió ponerse entre nosotros pecadores a fin de mostrarnos a Cristo como nuestro abogado, ¡Que humildad manifiesta! Tenemos, no dice tenéis ni me tenéis a mí y sigue:
El es la propiciación  por nuestros pecados, no por los vuestros solamente, sino por los míos también. El escritor sagrado en Hbr.7:25 de Cristo dice: Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”
            Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda buena obra para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Hbr.13:20/21)

                                                                    V.  Ibáñez                                                                                

               



viernes, 2 de septiembre de 2016

LUZ SOY DEL MUNDO

                             LUZ SOY DEL MUNDO
                             Texto. Juan. 9:5
           Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo
                                Lectura. Juan 9.1-41                 
      
            Al leer estos versículos contenidos en este capitulo del evangelio de Juan, nos damos cuenta que, estamos ante una de las páginas más fascinadoras y graficas, que describen varias actitudes y reacciones, en estrecha conexión con la declaración de Jesús como luz del mundo.
            El evangelio de Juan se caracteriza por ser el evangelio de las señales; el mismo evangelista concluye su evangelio diciendo: “ “ “ Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” Jn.20.30-31  El mismo Señor tuvo que decir en Capernaum: “ Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.” Jn.4.48  Fue precisamente después de la resurrección de Lázaro, que los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.” Jn.11.47  Y es que, mis queridos lectores; todas las señales y milagros de nuestro Señor Jesús, son parábolas que nos enseñan muchas lecciones por el método de la ilustración sobrenatural y cual sea nuestra actitud.
            La curación del ciego de nacimiento, nos enseña que todos los hombres y mujeres, nacen ciegos espiritualmente y no pueden  ver ni entrar en el reino de Dios, sin que el Señor Jesús les de la vista espiritual. Ya en el templo de Jerusalén dijo: “ Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Jn.8.12.                       Esta señal pues, que estamos considerando, ilustra la obra del Señor Jesús, como luz del mundo.

            I.- LAS CIRCUNSTANCIAS – El hombre ciego. Vrs. 1-7
            Nos dice el evangelista que al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento, sin duda alguna que la mirada fue tan significativa, que provoco a los discípulos a preguntarle: ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego. ?   En su pregunta, los discípulos se hacen eco, de la creencia entre los judíos, que las enfermedades y desgracias, sobrevenían a causa de algún pecado prenatal o paternal, que así se castigaba, de ahí que le dijeran: “ Tú naciste del todo en pecado, ¿ y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.” Vrs.34  El Señor rechazó tal hipótesis diciendo: “ No es que pecó esté ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él,”Vrs.3.  Y continuo diciéndoles entre tanto este en el mundo, luz soy del mundo.
            Las desgracias y las enfermedades, están en el mundo como consecuencia del pecado que esta en las entrañas de la raza humana, por consiguiente, todos los seres humanos, están expuestos a los males físicos y a la muerte.  En el evangelio de Lucas cap.13.1-5, cuenta como unos galileos que ofrecían sacrificios, Pilatos mezclo la sangre de ellos, al matarlos, con la de los sacrificios, o aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los mató; ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombre que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Ni las desgracias ni las enfermedades; por lo que esta escrito; nos eximen de la culpabilidad individual de nuestro pecado.
            Dios no es el autor del sufrimiento, ni de la envidia, ni de rencores y odios despiadados de los hombres que ocasionan guerras y sufrimiento, eso sí; en su soberanía lo soporta, como la fatal consecuencia del pecado, y para que los hombres y mujeres se den cuenta, que no puede haber felicidad en un mundo herido por el pecado y por el olvido de Dios; a fin de que le busquen y vivan en el mundo venidero, aceptando la obra redentora de Cristo Jesús en la cruz del Calvario.
              Quizá el acto de ungir los ojos al ciego, con lodo, indique la necesidad de que el hombre se reconozca como polvo y ceniza delante de Dios;  pero no tocada al ciego discutir el valor que pudiera tener este acto y el de lavarse en el estanque de Siloé; sino confiar y obedecer. La bendita consecuencia de su pronta obediencia y plena fe, se hecho de ver, cuando regresó viendo: El hombre era ciego y mendigo; como el pecador que carece de vista y de recursos espirituales; no había para él, posibilidad de bendición, hasta que se pusiera delante de él, la luz que alumbra este mundo.
            Cuantas veces mi querido amigo, no habrás tenido delante de ti, esa luz y no la supiste ver. ¡En cuantas ocasiones, las circunstancias de la vida, te han llevado a pensar en Dios, sea por enfermedad o luto, y no lo hiciste;! no lo dudes, Cristo Jesús fue capaz de luchar contra el infortunio de ese ciego y del tuyo cual sea y vencerlo, para gloria de Dios.

            II. - LOS EFECTOS ENTRE SUS CONCIUDADANOS. Vrs.8/14
            La reacción de sus vecinos fue sorprendente y de verdadero asombro; veían frente a ellos, al que había sido ciego, con la cara lavada y los ojos bien abiertos; ¡ abiertos a la realidad de la vida;! ya que pronto se suscitaron las dudas y recelos: Mientras unos dudaban diciendo a él se parece, otros decían él es; porque aquel que tan solo se comunicaba con el mundo exterior, por el tacto y el oído, ahora les podía ver y conocerlos físicamente, aclarándoles cuantas dudas que sobre él tenían, confesándoles, “Yo soy. “
            Mi buen amigo, Satanás siempre despierta oposición a la obra real del Señor Jesús: Notemos la actitud o comportamiento de estos conciudadanos; ¿no tenían ante ellos la evidencia? Aun así inquirieron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Él les contesto; “aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: Vé al Siloé y lávate; fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé¡ Y le llevaron ante los religiosos fariseos. La verdadera oposición nace  contra  Jesús, en el vrs. 14, por un legalismo religioso, al haber obrado esta señal o milagro, en el día de reposo-sábado. Este fue el motivo por el cual sus delatores le llevaron ante los fariseos. Se olvidaron, que el Señor, dijo: el sábado fue dado para beneficio del hombre; Mrc.2.27-28 y añadió, El hijo del hombre, es Señor aun del sábado.
            ¡Cuantas personas se creen fieles observantes de los preceptos religiosos que dicen profesar, escondiendo su hipocresía, negando las evidencias, ante una confesión pública, como: una cosa sé, que habiendo sido ciego, ahora veo!  ¡ En cuantas ocasiones, la confesión de nuestra fe en el Señor Jesús, ha sido objeto de oposición y burla por nuestros propios amigos y convecínos.! El mundo incrédulo y religioso, esta siempre dispuesto a dudar y a remitir  con la consabida frase “doctores tiene la iglesia” a cerca del beneficio que hemos recibido de una  nueva vida en Cristo; quedando siempre al margen de la verdad, en una religiosidad no practicante.     

            III.- EL INTERROGATORIO.  Vrs.15/18 y 24/34
            La actitud o disposición de animo de los religiosos Fariseos; por lo que hemos leído en los dos interrogatorios sometidos al que había sido ciego, fue negar la verdad y la evidencia, por pura conveniencia.
             Los fariseos reconocieron el hecho de que el hombre había nacido ciego, tenían el testimonio de ello, por sus propios padres y que  “aquel hombre que se llama Jesús” había sido el sanador.
No podían de ninguna de las maneras, negar esta evidencia positiva del milagro, allí estaba el hombre viendo.
             Pero  se apresuraban en negar la verdad fundamental, la fuente principal, a Jesús como el Mesías, al divino hijo de Dios, que al decir de la profecía de Isaías, vino para dar vista a los ciegos, (Luc.4:18) y negaron al que era la luz del Mundo.
Le negaron por pura conveniencia, sacrificaban la verdad para conseguir un fin; no querían perder su influencia sobre el pueblo, vrs.22, léase cap.11.47/48-57 y 12.10/11-42/43. Deseaban mantener su yugo sobre las multitudes. ¿Cuál va a ser tu actitud frente a Jesús, La luz del Mundo?

            IV. - TESTIMONIO DE LOS PADRES DEL CIEGO. Vrs.19/23         La actitud de los padres del que había sido ciego, fue muy temerosa, pues se vieron comprometidos ante una declaración, que bien pudiera interpretarse como un reconocimiento de que el hombre que se llama Jesús, fuese el Mesías; toda vez que los Fariseos ya habían acordado la excomunión a quienes confesaren que Jesús era el Mesías.
            Ante tal amenaza, resulta comprensible, que no dijeran toda la verdad; ellos conocían todo el proceso de la curación de su hijo y compartían la misma alegría de la bendición, pero solo dijeron, la mitad de la verdad; so pena de una excomunión mayor que convertiría a la victima, poco menos que un paria; de ahí que  derivaran su responsabilidad, al decirles: edad tiene preguntarle a el.  Obraron así, por miedo, estimaron más sus vidas socio-religiosas, que declarar la propia convicción de los hechos; actuaron como mucha gente actúa, no quieren comprometerse, no sabemos, tal vez por el que dirán, una forma sin valor ni espíritu; como Pilato, se lavan las manos.
            Esta es la actitud de algunas personas frente a la verdad del evangelio; saben que es la verdad, pero la creen a medias, según su conveniencia; no aceptan un compromiso con Cristo, por temor a dejar su forma y sistema de vivir. Les es más fácil decir, no sabemos  que enfrentarse a la verdad desnuda.

            V. – EL TESTIMONIO DEL CIEGO.   Vrs.15/18  -24/34            
            La actitud valiente del que había sido ciego, se refleja en su testimonio de la verdad, vivida y experimentada, sin importarle sus consecuencias, ni el que dirán.
            En medio de toda la discusión y controversia, en la que llovían preguntas demasiado difíciles, sobre el que había sido ciego; éste se armó  del gran hecho único de su experiencia; que habiendo sido ciego ahora veo. Y el hombre que se llama Jesús, lo hizo.
            Las preguntas y el enojo de los Fariseos, solo le compelían a ver con más claridad, lo que se ciño a su gran experiencia. Lo maravilloso, es, que vosotros no sepáis de donde sea, y a mi me abrió los ojos…. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriere los ojos a uno que nació ciego. Si este no viniere de Dios nada podría hacer.
            Por su lealtad a Jesús, los representantes de la religión tradicional llegaron a odiarle; pero su entendimiento espiritual fue en aumento.
            En el vrs. 11. habla de Cristo como un hombre que se llama Jesús.
            En el vrs. 17, dice de Jesús, que es un profeta.
            En los vrs. 35/38, viene a entender completamente que Jesús, el Hijo de Dios; y le adoro.
            El proceso inquisitorio que sufrió este hombre, por aquellos líderes religiosos del pueblo, culmino con la expulsión. De esta manera trataron de menospreciar la veracidad de un fiel testimonio y la validez de su lógica: Que habiendo sido ciego ahora veo.
            Mi buen amigo y asiduo lector, El Señor Jesús, nos esta enseñando en los vrs. 30/41, que la ceguera más obstinada, es la ceguera espiritual y no física.  Este hombre no era ciego porque andaba en tinieblas; sino que andaba en tinieblas porque era ciego. Las escrituras nos enseñan, mi querido amigo, que el hombre es ciego porque anda en tinieblas.
            El Señor Jesús, dijo: El que anda en tinieblas no sabe donde va, es ciego.  Yo la luz ha venido al mundo para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. (Jn.12:35 y 46) Yo soy la luz  del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas.(Jn.8:12) Los hombres aman las tinieblas, más que la luz, porque sus obras son malas. (Jn.3:19)
            Mi buen lector, el acontecimiento histórico de la sanación de este hombre, ciego desde su nacimiento,  nos ilustra la obra redentora del Señor Jesús, como Luz del Mundo, y esta singular señal, como otras muchas en los evangelios, según Juan en cap.20:30/31, fueron escritas para que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y  para que creyendo, tengamos vida eterna.
            He aquí, por primera vez, el Señor Jesús, se ofrece  así mismo, como objeto de fe, y no a las practicas y observaciones religiosas, formulando al beneficiado, la siguiente pregunta:        ¿Crees tú en el Hijo de Dios.?   Pregunta, mi querido amigo, que te traslado a ti, para que a la vista de las actitudes tomadas; por las gentes del pueblo, los Fariseos, los padres y el mismo ciego ahora sanado,  tomes una decisión savia y acertada para tu salvación, puesto que el Señor Jesús vino dice él: Para juicio a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que  ven, sean cegados.  Y a los que decían que no eran ciegos, les respondía: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado: mas ahora porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece. Vrs. 41
            Ten en cuenta que el creyente, no recobra, sino recibe  una iluminación; el ciego no  recobra, sino recibe lo que nunca tuvo.
                Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. Jn.15:22

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lunes, 30 de mayo de 2016

MARTA Y MARÍA

                                  MARTA Y MARÍA
                                 SERVIR  Ó  RECIBIR
                                 Lectura,  Lucas, 10:38/42
               
                La porción que se habrá leído, la he traído a nuestra reflexión por que encierra dos criterios sobre el significado de este episodio; algunos han pensado que aquí se trata de mostrar que las obras de caridad o amor al prójimo, no son suficientes, pues también se requiere la fe (Stg.2:18)
                Otros sugieren que este suceso manifiesta que una vida receptiva tiene cierta preeminencia sobre una vida activa; de ahí que me sugiere el titulo, Servir ó Recibir.
                Es bien evidente que una vida de servicio presupone aptitud, dedicación y entrega para tal caso; pues este servicio es de tal naturaleza que requiere dependencia constante y absoluta del Señor y al parecer María escogió la parte buena.
                Debo confesar que esta porción fue objeto de una exhortación, que en Diciembre del año 1972 pronuncie a la iglesia; pues a la sazón se había inaugurado la iglesia hermana en la barriada de Pubilla Casas, en (Hospitalet)-Barcelona y una intensa actividad se desarrollaba entre ambas iglesias; el servicio era muy a menudo y se corría el riesgo de que tanto los responsables como los ayudadores, pudiéramos correr el riesgo de agotarnos - en términos coloquiales- pudiéramos “quemarnos”. Esto fue el motivo de mi exhortación y que a continuación, juntando mis notas procuraré traer a vuestra reflexión.
                Principiare diciendo que estas dos hermanas se parecían en una cosa; ambas amaban a Jesús y eran amadas de él. (Jn.11:5)  La diferencia consistía en que para Marta lo principal era servir, mientras para María lo importante era el recibir las enseñanzas del maestro, manifestándose por el hecho de sentarse a sus pies y escuchar sus palabras.
                Muchos nos seguimos preguntando: ¿Qué es lo principal en la vida cristiana, servir ó recibir? El mismo Señor contesta definitivamente esta pregunta diciendo: “María ha escogido la buena parte,” porque mis queridos todos, sin recibir es imposible que le podamos servir, puesto que de la abundancia del corazón hablará nuestra boca y esa misma regla de abundante conocimiento, hará que no estemos ociosos; no podemos nos dice Stg. 1:22,  “ser oidores solamente sino también hacedores;” así que ambas cosas son importantes y se complementan entre sí, siendo en orden a prioridades el conocimiento de su palabra,  “como la buena parte”.
                Recordemos lo que el Señor Jesucristo les dijo a sus discípulos, cuando les dio la lección de humildad al lavarles los pies: “si sabéis estas cosas, bienaventurado seréis si las hiciereis” (Jn.13:17  así pues el orden es; saber (conocimiento) y hacer u obrar en consecuencia. Por consiguiente, esto es lo que no podemos perder de vista, ya que se corre el peligro de darnos a un servicio, sin darnos tiempo a recibir.
                I.- EL PELIGRO ACTUAL Y DE SIEMPRE
                El servir sin dar tiempo a recibir, implica un grave peligro para nuestra vida espiritual y de testimonio; sin duda que la lección que nuestro Señor Jesucristo nos quiere dar al avisar y prevenir a Marta, es que estemos vigilantes contra este peligro de turbarnos afanando muchas cosas.
                Podemos estar bien seguros que Cristo no usaría palabras de advertencia a Marta, si verdaderamente no fuera un peligro. Acaso estemos poseídos del espíritu de Marta y nos hallamos en una actividad vertiginosa y sin descanso, hasta el punto que nos falte tiempo para sentarnos a los pies del Señor nuestro maestro a recibir; nos hallamos tal vez como quien constantemente está haciendo gastos sin tener ingresos; no cabe duda que nos sobrevendrá necesariamente la bancarrota y muchos objetivamente damos muestra de ello.
                Es para prevenir la bancarrota espiritual del discípulo, predicador o enseñador y sus consecuencias en la iglesia, que levanta el Señor su dedo y nos dice: “una cosa es necesaria”  que te sientes a recibir, esto sí, a sus pies, pues no todo depende de lo que hacemos, sino de lo que recibimos de Él.
                II.-  COMO SE RECIBE
                Mejor que toda explicación, la escena nos la dibuja el texto de Luc. Vrs.39  “María sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra”  Esto implica una condición de tranquilidad y paz: ¿Como podemos recibir algo del Señor sin habernos tranquilizado el espíritu en su presencia? La meditación de su palabra, la oración constante y la comunión, es la mejor parte que podemos escoger si queremos que nuestro servicio y testimonio sea real e impregnado del espíritu.
                “ A los pies de Jesús” Esto es la buena parte y el secreto de una vida espiritual más profunda que no será quitada; podrán venir luchas continuas, desalientos y pruebas sin fin, pero sí estamos a los pies de Jesús no lucharemos solos puesto que él nos alentará y venceremos.  A los pies de Jesús implica que él habla y nosotros debemos escuchar, atención pues, porque él solo tiene palabras de vida eterna.
                III.-  ¿QUE PUES DEL SERVICIO O ACTIVIDAD
                Nadie podrá pensar que nuestro Señor Jesucristo, quiera dejar el servicio abandonado como inútil, él mismo nos dijo que vino para servir y no para ser servido. Lo que el Señor quiere y desea no es una actividad afanosa o la cantidad a realizar, sino mas bien la cualidad y la calidad sean el objetivo principal y no hagamos de nuestro ministerio, (como vulgarmente oigo, cumplir el expediente o compromiso) Porque en la condición humilde a sus pies, nacerá la verdadera voluntad de servir y en esa condición nos concederá sabiduría y gozo en el servicio, allí se nos proporcionará, poder y toda clase de recursos para que nuestro deposito rebose en abundancia y no entremos en bancarrota, y ante la prueba, sin duda, verán en nosotros profundidad espiritual.

“Cuando el corazón se siente lleno por la mano del Señor,
 se goza en imitarle, dando.”

                                                                                                              V. Ibáñez

lunes, 14 de marzo de 2016

DIOS MÍO, DIOS MÍO ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO?


                        DIOS MÍO, DIOS MÍO,
          ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO?
                           Texto. Mateo. 27:46
Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo:
Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es; Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has desamparado?
          Lectura: Mateo. 27:32 al 54  -  Marcos. 15:21 al 41
                            Lucas. 23:26 al 49  -  Juan.19: 17 al 30
 
            Las lecturas de estos pasajes del Nuevo Testamento, nos detallan, todas las incidencias acaecidas en la crucifixión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
            Marcos, 15:25 nos relata que era la hora tercera (nueve de la mañana) cuando le crucificaron; y los tres evangelistas, Mateo, Marcos, y Lucas, nos detallan que desde la hora sexta, (doce del medio día) hasta la hora novena-nona, (las tres de la tarde) hubo tinieblas sobre toda la tierra.
            Nuestro Señor Jesucristo fue consciente de todo cuanto le ocurría; él sabía que el vaso de pasión debía apurarlo
porque era la voluntad de su Padre Dios cumpliendo así con las profecías, en cuanto a la redención de los hombres,  y su función redentora tuvo su culminación en la Cruz del calvario.
            Hemos leído como él pide al Padre, el perdón para sus verdugos; había abierto el cielo a un ladrón arrepentido, había comprendido el dolor de su madre y procuro aliviarlo uniéndola, a aquel que mejor que nadie podrá suplir su ausencia, Juan el discípulo del amor.
            Tras estas manifestaciones de afecto y sentimientos del corazón divino de Cristo, sucedió una espantosa depresión   
de su espíritu. Era cerca de la hora novena, cuando llevaba seis horas clavado de pies y manos en la cruz, escapándosele la vida en forma de hilos de sangre que empapan su cuerpo y la misma tierra, en medio de una intensa tiniebla.
            Ved a Jesús, el Cristo de Dios, mis queridos amigos, en medio de esa tiniebla, desangrándose casi ya sin tensión en sus nervios y músculos, porque el alma se le escapa lentamente de su cuerpo; sus ojos vidriosos inyectados en sangre por la vehemencia de los dolores y escarnios sufridos, y como reconcentrándose en la visión de su miseria, vuelve sus ojos al cielo y exclama con voz desgarradora.
            Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
            Y es que, mis queridos lectores, la visión de la muerte cercana, produce siempre en el espíritu del hombre, una impresión de soledad y de espanto. Soledad, porque nada hay más solo que un hombre que va a morir; ¡qué importa que este rodeado de sus deudos y amigos más queridos! Al fin ha de pasar el solo el valle de la muerte. Espanto, porque la rotura del hilo de la vida es lo más pavoroso para el hombre.
             La rotura de ese lazo entrañable que une la materia y el espíritu, el abandono forzoso de los bienes y de las afecciones de la vida, la negra oquedad de la tumba que abre sus fauces al pie mismo del lecho del moribundo, la soledad fría, la corrupción siempre repugnante que se cebará en el cuerpo, hacen espantoso el trance de la muerte.
            Nuestro Señor Jesucristo, no debía, no quería dispensarse uno solo de los trabajos de la muerte. Es cierto que su cuerpo no verá la corrupción, dentro de tres días resucitará glorioso, pero esto no quita ni la acerbidad (crueldad-rigor) de los dolores, ni la tremenda realidad de la muerte, por cuyo trance ha de pasar, Cristo, por todos nosotros. (Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos- Hbr.2:9)
            I.-  EL DESAMPARO DE CRISTO
                Eran cerca de las tres de la tarde, en plena penumbra, angustia y agonía del alma, cuando Cristo exclamo:
            “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Hay en esas palabras de Cristo en la cruz, una clara referencia al versículo primero del Salmo 22, escrito por el Rey y profeta   David; en este salmo el profeta cuenta la historia anticipada de  los tormentos de Cristo en la cruz, él vio al ungido de Dios a mil años de distancia colgado entre cielo y tierra abandonado de Dios y de los hombres; y a la luz de la visión profética pudo penetrar en los secretos del espíritu del divino crucificado, relatándonos las notas más salientes de lo que fue su conflicto allí, hasta componer el Salmo en cuestión que más parece escrito con la misma sangre del Redentor al pie mismo de la cruz.
            Esta exclamación profunda y espantosa que apenas podemos comprender, debería conmovernos y estremecernos, al considerar la previsión y provisión; que ya en lo antiguo fue profetizado Cristo como nuestra sustitución por el pecado; según el decir del profeta Isaías: Dios cargó en él el pecado de todos nosotros.(Isaías 53:4/6)
            Cristo se siente desamparado, porque el Padre celestial ha puesto entre él y el alma de Jesús, la nube obscura de la justicia divina ofendida por el pecado y las transgresiones de los hombres, cuya carga lleva sobre sus hombros en expiación.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. (2ª.Cor.5:21)
            Tal era la trascendencia de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, que fue necesario tal abandono: El debía apurar solo hasta la hez, el vaso de su pasión que por amor a nosotros estaba consumando, esto es; “efectuando la purificación de nuestros pecados y gustando la muerte por todos” (Hbr.1:3 y 2:9)
            Sí, mi querido y paciente amigo; cuando nació Jesús en Belén, la noche se iluminó, ahora en la consumación de su obra redentora, el día se convierte en noche; y es que por decirlo así: Dios asocia las tinieblas prolongadas, al pensamiento de aquel pueblo deicida y al hombre de hoy, que le rechazó y rechaza a causa de su pecado. “Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece” (Jn.9:41) Y en esa angustia, querido lector, no veas en él desesperación alguna, sino la lucha del espíritu de Cristo, que se debate entre dos fundamentales sentimientos; el del deber que como,  ·el cordero de Dios”  le impele ir hasta la muerte afrentosa en Cruz, y el de la esperanza que le permite ver en el horizonte del tiempo venidero, la gloria de los redimidos por su sangre.(Isaías.53:10/12)
II.-  DESAMPARADO POR SER NUESTRO SUSTITUTO
            La palabra de Cristo en la cruz no fue una queja, ni una duda, él sabía que como buen pastor ponía su vida por sus ovejas y que tenía poder para ponerla y volverla a tomar; (Jn.10:15/18)  aclarándonos que esto lo recibió de su Padre como mandamiento.
            Por consiguiente él sabía que su vida ofrecida en el altar de la cruz seria pasajera, porque sufriría como inocente-sustituto y no como culpado: Y fue en esas circunstancias, - como sustituto – que pronuncia esta palabra, por el horrible terror que le produce tal situación y para que los hombres nos enteremos de una vez de su verdadero ministerio y sintamos junto con un mayor amor al Salvador, un mayor aborrecimiento al pecado, que causó y que hizo inevitable tal separación y abandono.
            Así vemos morir a Cristo en el más espantoso de los abandonos, entregado a la furia de ese torbellino de pasiones que contra él se habían desatado. “Le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. Le escarnecían diciendo: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar”  Aquí el espíritu de Cristo en la profecía del salmo 22, dice: “En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y no fueron avergonzados. A ellos les libraste pero a mí no, porque ha venido a ser moralmente “gusano y no hombre, soy el oprobio de los hombres y el despreciado del pueblo.”
            Cristo en medio de esa espantosa manifestación de furia, pasión y odio, exclama: “No te alejes de mí, porque la angustia esta cerca, no hay quién ayude. Me han rodeado, como fuertes toros, abriendo sobre mí su boca. He sido derramado como agua, y todos mis huesos se han descoyuntaron; mi corazón como cera derritiéndose en mis entrañas. Como tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar….Ellos me observan cómo me han horadado mis manos y mis pies, puedo contar todos mis huesos. Repartieron entre sí mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes.”
            No hubo salvación para nuestro bendito Jesús, porque era el sustituto universal de los pecadores, el mío y el tuyo apreciado amigo. El justo morirá, por nosotros las injustos para llevarnos a Dios. “El nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, (porque escrito está: Maldito todo aquel que es colgado en un madero) (Gal.3:13)
            Dios el Padre, no detendrá su brazo de justicia como lo detuviera en su día el de Abraham cuando se proponía, por obediencia a Dios, sacrificar a su hijo. Cristo Jesús es la expiación de nuestro pecado, él ha de gustar la muerte por todos y vencerla; y cuando entregue su espíritu al Padre y la tierra tiemble y el viento huracanado barra la loma del Calvario y azote las carnes lívidas del cuerpo de Cristo; parecerá que resuene poderosa como salido del pecho del crucificado la palabra de la desolación y del abandono.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Mis queridos amigos, hay horas tremendas en la vida del hombre, que no son las horas del trabajo, ni de la miseria, ni de la enfermedad, ni siquiera de las luchas enconadas de la vida: Son esas horas de abandono en que parece que todo el mundo se ha olvidado de nosotros, o lo peor, que todo el mundo se ha vuelto contra nosotros.
Pero mí querido lector, hay otro abandono más grave en la vida de los hombres y en el que tal vez no nos hayamos fijado: Es el abandono de Dios por parte nuestra, es la salida de la atmosfera de Dios fuera de la cual no hay sosiego ni consuelo por qué: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino” (Isa.53:6)  Y cuando llega la hora de la muerte se revela la desolación tremenda del espíritu que ha podido vivir sin Dios, pero que no es capaz de morir tranquilo sin Dios; pensemos mis amigos, por un instante, si en esa hora tan tremenda de angustia y soledad, Dios nos dijera:
Hijo mío, Hijo mío, ¿por qué me has abandonado, porque me has ignorado?  Gracias a nuestro bendito Salvador Cristo Jesús, el cual tomo mi lugar y el tuyo allí en la Cruz, que por su muerte derribo lo que impedía el acercarnos a Dios, el pecado. “Cristo fue ofrecido una vez para agotar los pecados de muchos” (Hbr.9:28)  El fue desamparado por haber sido .hecho pecado por nosotros, para que Dios pudiera ampararnos a nosotros para siempre. ·El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?                                                                                                        V. Ibáñez
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