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miércoles, 9 de junio de 2021

LA PALABRA

 

                                        LA PALABRA

                                           (El verbo de Dios)
                    Breve reflexión sobre: Hebreos. 1:1/2
                            Lectura: Hebreos. 1:1al 4
                                Texto: Hebreos. 1:1/2

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

 

Dentro de las formas de expresión, la palabra hablada, es una de las maneras por la cual podemos expresar el pensamiento que  transmitimos a los demás; no siendo el medio único de expresión como ya he dicho; sí es y ha sido en su origen, la más noble manifestación representativa y universal del pensamiento por encima de la escritura, de cuyo valor depende en mucho del verbo mental o interior de la persona.

Así pues, se puede decir que la palabra hablada es el instrumento más perfecto que dispone el hombre para manifestar su pensamiento y establecer una verdadera comunicación de espíritu; y si nos ceñimos a la locución de los hombres por la cual manifestamos nuestros pensamientos y emociones, también por la misma razón debemos considerar, que el autor de toda vida, inteligencia y palabra, no debe faltarle el medio por el cual comunicarse con el hombre, objeto de su creación.

Y no me refiero a esa forma imperativa de hablar con que Dios ordena a todos los elementos desordenados diciéndoles: Sea la luz” y dijo: “júntese las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así (Gen.1:3-9 etc.) “Porque él  dijo: y fue hecho; mando, y existió” (Sal.33:9)  Es evidente que en este sentido la creación no es palabra de Dios, sino la consecuencia del poder de Dios que lo hace todo por su palabra. (Jn.1:1/3)

Dios para hablarnos a los hombres tiene su propio Verbo, por el cual nos manifiesta su inteligencia, pensamiento, afecto, disposición y amor, que es su Hijo: Y este Verbo de Dios según el evangelio, es la palabra de Dios que se hizo carne. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre) lleno de gracia y de verdad” (Jn.1:14 y Hbr.1:1/2)

Esta manifestación de Dios en la persona de su unigénito hijo Jesucristo, responde plenamente a la necesidad del hombre sumiso en la ignorancia más supina, en cuanto al carácter de Dios y su disposición redentora; y como legado del Padre para esta misión, transmite y revela con fidelidad todo cuanto ha “oído de él”(Jn.8:26-28 y 15:15)  Este testimonio irrefutable, que por serlo así, es palabra de Dios, no hay forma de evadirlo;  porque nos dice Jesucristo: “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre y el Padre en mí, de otra manera, creedme por las mismas obras” (Jn.14:10/11)

En consecuencia, la palabra de Jesucristo es Palabra de Dios y como resultado de ese magisterio, sus discípulos proclamaron y consignaron en los escritos y relatos del Nuevo Testamento, todo cuanto vieron y oyeron por inspiración del Santo Espíritu. (El espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad. (Jn.16:13) difundiendo esa palabra divina sin reserva alguna y con toda la plenitud con que ellos la recibieron; cumpliendo así con fidelidad absoluta y viveza oral, no usual en hombres toscos y pescadores de galilea, la función por la cual fueron comisionados.

Desde el principio de este ministerio, los apóstoles comenzaron a enfatizar en la palabra que habían oído; y fueron ministros de la palabra, (Luc.1:2) cualificándola como Palabra de Dios” “la Palabra de la Cruz” “Palabra de la reconciliación” “Palabra de vida” “Palabra de fe El conjunto de estas cualificaciones, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, la palabra anunciada tenía todas las connotaciones de palabra divina, Palabra de Dios.

Luego tenemos que la consecuencia es obvia, si el predicador es hombre de Dios. (1ª.Tim.6:11 – 2ª.Tim.3:17)  debe usar bien esta palabra de verdad, presentándose como obrero aprobado (2ª.Tim.2:15) que no tenga de que avergonzarse: Es deber primordial de todo aquel que proclama, fuera y desde nuestras tarimas, el saturarse de esa Palabra y no admitir en su pensamiento, corazón y labios, otra palabra y gloria, que no sea la cruz de Cristo y su Resurrección. Por desgracia y lamento haber oído, que no todos los predicadores conservan limpia y sin mezcla de otros elementos esta Palabra, de tal forma me temo – la hagan infecunda.

Previene el apóstol de estos peligros a su hijo espiritual Timoteo; encareciéndole delante de Dios y del Señor Jesucristo…. Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se volverán a las fábulas.” (2ª.Tim.4:1/4)

Debemos ser conscientes de este peligro y si lo hay, responsabilicémonos más del legado que se nos ha sido confiado en lo que llamamos la gran comisión, (Mt.28:18) y exigir como cuerpo de iglesia, ver a Jesús en todas nuestras predicaciones, y que su pasión, muerte en cruz, resurrección y ascensión a los cielos sea nuestro racional mensaje y palabra a un mundo que se pierde envaneciéndose en su razonamientos.

                                                           V. Ibáñez

domingo, 7 de febrero de 2021

RECUERDA POR TANTO

 

                                  RECUERDA POR TANTO

                                    Lectura. Apoc. 2:1/7                         

                                      Texto. Apoc. 2:5

“Recuerda, por tanto, de donde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras;  . .  . . . . .

            Esta lectura corresponde a la primera carta de las siete que el Señor manda que sean enviadas a las iglesias que están en Asia. (cap.1:11)  Es mismo Señor Jesús quien se describe como: el que tiene las siete estrellas y anda en medio de los siete candeleros.” Expresiones sin duda de su constante presencia y actividad en medio de las iglesias; (cap.1:20) ellas reciben de él la luz y él puede cuando quiera, “quitar el candelero de su lugar” (cap.2:5)

            Sin duda que este es el primer mensaje del Señor resucitado y está dirigido a la iglesia en Efeso, la más importante e influyente de toda la provincia de Asia Menor. El Señor que escudriña el corazón y los riñones, conoce perfectamente las obras, las actividades y las condiciones morales de cada iglesia; no solamente las de su actividad o de las acciones aisladas de sus miembros, sino todas las manifestaciones de su vida, que como cualquier árbol sus frutos pueden ser buenos o malos.

            Así pues, como podemos apreciar este mensaje tiene varios aspectos; la aprobación, la censura, la exhortación y una invitación con promesa; los creyentes son alabados por sus obras y por su paciente resistencia ante la hostilidad pagana; además habían rechazado con razón a los falsos apóstoles y las malas enseñanzas e influencias de los nicolaítas. (Los nicolaítas fomentaban la doctrina de Balaam y una mal entendida libertad, por la cual los creyentes podían permitirse consumir cosas sacrificadas a los ídolos, en contra a las observaciones del concilio de Jerusalén, Hch.15:29 y a cometer actos inmorales. (apoc.2:14)

                        No obstante esas virtudes, los cristianos de Efeso son amonestados por haber dejado su original calor de amor y devoción; las obras de la iglesia continuaban, pero no son ya las primeras obras porque les faltaba el espíritu de la caridad; ninguna cualidad digna de alabanza sirve si hay falta de amor. (1ª. Cort.13:1/3)

                        El Señor formula este áspero y severo cargo  “has dejado”  -abandonado–  tu primer amor”  severa reprensión, porque por lo que leemos la iglesia –no ha perdido- como algo irrecuperable por un acto involuntario, sino todo lo contrario,  “ha dejado” como algo que se abandona voluntariamente y que es factible de volverse a recuperar; y no deja de ser a la vez de que se nos acusa, un aldabonazo, un llamamiento a nuestra conciencia adormecida por la práctica de un servicio rutinario o profesional.   

                        I.-   Aquel primer amor

            Quienes estén en condiciones de recordar, -pues se nos invita a ello-  traerán a sus mentes aquellos primeros años de nuestra conversión; fueron de alegrías, le amábamos porque él nos amó primero y su amor fue para nosotros una fuerza impulsora en celo, y  devoción; quienes nos rodeaban nos alentaban con su espíritu de amor trabajando por el Señor y animándonos a tomar parte en ese espíritu misionero-evangelizador desinteresado, con el fin de que otros encontraran en el

Señor lo que nosotros habíamos encontrado y estábamos experimentando.

            Era un tiempo celoso en devoción, en sacrificio y trabajos, fue puro y desinteresado, solo el servirle y agradarle nos importaba, no fue carga molesta, ni una rutina obligada, sino un corazón ensanchado y agradecido, todo fue un gusto y se abrieron más puertas al testimonio. ¿No era así queridos hermanos? Un gran amor mutuo, un vivo interés los unos en los otros, un celo por no faltar a ningún culto, un espíritu misionero  (uno por uno) para la conversión de otras almas, todos pronto para orar y para hacer lo que hiciera falta; hubo armonía, gusto, comunión, gran alegría, conversaciones sobre la palabra; esto fue nuestro primer amor y sin duda el de aquellos creyentes de Efeso.

                        II.- has dejado – abandonado

            Atención hermanos, este cargo que el Señor nos imputa es un llamamiento a nuestra conciencia y una denuncia común al acto mismo voluntario que ello implica, puesto que se puede dejar una cosa, para coger otra y en esta acción interviene la voluntad. Traeré a vuestra consideración la apostasía de Israel, denunciada como aquí por nuestro Dios. Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí… ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? (Jer.2:2-5)

            Es bien evidente pues, que una especie de moral relajada libre o poco sana, que invierte los más elementales principios de un andar con Cristo nos ha invadido sino fascinado; porque ya no se trata de trabajar por amor de su nombre y hallar mentirosos a los falsos apóstoles y no desmayar en este empeño, sino de algo voluntario que hemos hecho, has dejado, por lo que todo o cualquier cosa vale si es hecho en su nombre. Sobre esto el Señor dice: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mat.7:22/23)

            ¡Pero quién nos alucino! ¿habrá sido tal vez la influencia de los nicolaítas modernos, con sus ideas progresistas de libre moral que todo lo aceptan y justifican cualquier situación por estragarse en las costumbres de este Mundo? Ejemplos tenemos de cómo esta influencia actúo en la historia con perniciosos resultados.

            Balaam no pudiendo alcanzar sus objetivos de maldecir al pueblo de Israel, aconsejo a Balac para que las hijas de Madián sedujeran a los hijos de Israel, el resultado fue fornicación e idolatría (Num.25:1/2 y 31:16)                                                                                                 Sansón fue fascinado por los encantos de Dalila y sucumbió ante sus engaños, resultando con la perdida de la vista. (Jue.16:21)

            El ambiente de Sodoma y Gomorra, fomento si  duda la incredulidad de la mujer de Lot, y quedo convertida en estatua de sal.                                           Demas, amaba este mundo y por ello abandono al apóstol Pablo. (2ª.Tim.4:10)                                    

            Los ojos de David despertaron sentimientos impuros pecando con Betsabé. (2ª. Sam.11:1/4)     

            Acán, fue fascinado por el oro y el manto babilónico y fue su perdición. (Jos.7:1-20/21)

            III.-   Recuerda, por tanto,..

            El Señor formula una invitación, en orden a la causa que ha provocado este abandono y nos emplaza a recordar; esto es, traer a la memoria, donde, cuando y como fue nuestra caída, es decir, que nos examinemos muy interiormente hasta tener conciencia de cómo fue nuestro acto deliberado, de dejar” y efectuar una vuelta completa dando la espalda al camino o situación que teníamos delante.

            Este reconocimiento de donde se ha caído y el acto de salir de él, está muy bien explicado en las Escrituras: David reconoció su cruenta falta y confeso arrepentido: “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos. …Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal.51)

                                                                  V. Ibáñez

miércoles, 23 de diciembre de 2020

LAS ESCRITURAS: ¡PALABRA DE DIOS!

 

               LAS ESCRITURAS: ¡PALABRA DE DIOS!  
                                          Breve reflexión                                                 
              En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios,
                y el Verbo era Dios.
                                       Texto: Juan 1:1                

      Dios es el Verbo, la Palabra; por consiguiente, Dios tiene su palabra y esa palabra tuvo que ser revelada como forma y manera de expresar su pensamiento, sus deseos, sus propósitos y la esencia misma de su persona, esto es, Amor.

            Y fue ese inmenso amor que le impulso a comunicarse con su criatura, y por medio de la palabra revelarnos su persona y propósitos divinos; manifestándose unas veces en forma angelical, otras hablando a los Padres (Patriarcas) y por medio de los profetas; vehículo este que dio origen a su Palabra escrita –amén de haber él primero con su dedo escrito el Decálogo del Sinaí – (Exd.31:18 – 32:16)

            Así, esa revelación de Dios a su criatura, si bien tuvo en su  pricipio una comunicación verbal, como de la misma escritura se desprende, puesto que, hablo a Adán en el huerto del Edén y Abraham en Harán, a Moisés en el Horeb; también otras veces ha escogido Dios a un hombre y le ha manifestado interiormente y sin el sonido vocal su pensamiento, infundiéndole conceptos, imágenes y juicios por vía extraordinaria y sobrenatural, revelándole aquello que por su conducto ha querido manifestar a los hombres, es lo que conocemos como locución llamada profética; referencias a esta forma de comunicación la encontramos en las Escrituras, con frases como estas: “Habló Dios” “Así ha dicho el Señor”

“fue palabra del señor al profeta” etc.

            Esta revelación fue recogida y escrita para que pudiera ser un medio en el que lo revelado por Dios a sus santos varones, pudiera ser trasmitido en el tiempo. a todas las generaciones como palabra de Dios o revelación de Dios a todos los hombres; inspirada por el Espíritu de Dios y útil para enseñar, redargüir, corregir, instruir en justicia (verdad) (2ª. Tim.3:16)  Su Espíritu nos guía a toda verdad… porque tomará de lo mío y os lo hará saber. (Jn.16:13/14)

            Esta inspiración emerge a través de esa Palabra revelada de una manera notable en su cualidad y distinción, porque puede leerse bajo varios aspectos, pero ninguno de ellos se interpone con el otro, ya que un rayo de luz divina traza la línea que les une, dejando fuera cualquier clase o intento breve de sentencia doctrinal desconectada de su genuina inspiración divina.

            Ahora bien, lo importante para nosotros es saber hasta qué punto las escrituras influyen en nosotros, bien en cuanto a la justicia (verdad) para obedecerla y no ya para aplicarla en nuestra particular interpretación. “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2ª.Pdr.1:20)

            No olvidemos que las Escrituras son en sí, un libro de principios unidos entre sí por el Espiritu divino y no de aforismos desconectados; tratar de apoyarse en un texto aislado, en costumbre y prácticas locales de un país o provincia, puede darse que aprobemos cosas a las cuales los principios de las Escrituras sean totalmente opuestos, y no puede haber dirección divina en aquello que contradiga o sea opuesto a los principios trazados por la revelación de Dios en las Escrituras.

            Así pues, arrancar un texto de su verdadero contexto y construir sobre él una doctrina, práctica o relación social, revela o una gran ignorancia o una perversidad farisaica en donde priven más los intereses que la armonía perfecta de toda la Santa Escritura, al desencajar dicho texto del conjunto de principios de la sana doctrina bíblica.

            La advertencia del que era la palabra hecha carne

Nuestro Señor Jesucristo; cuando los fariseos le preguntaron mal intencionadamente sobre el repudio o divorcio fue: ¿No habéis leído que al principio, varón y hembra los hizo…. mas al principio no fue así. (Mt.19:4-8)  Dios nunca muda, los principios revelados por él son inmutables. “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios yo os ordeno” (Deut.4:2) “…no añadirás a ello, ni de ello quitarás.

(Deut.12:32)

            Toda palabra de Dios es limpia; El es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso. (Prov.30:5/6)

                                                                                 

                                                                          V. Ibáñez

           

 

                       


viernes, 9 de octubre de 2020

TE PIDO PERDÓN...

TE PIDO PERDÓN…

Jeremías 31:34

Seguramente en más de una ocasión te has sentido OFENDIDO por alguna circunstancia que te han causado a la que esperas unas disculpas. Pero si somos sinceros, podemos estar de acuerdo tu y yo que mucho más a menudo de lo que pensamos, los que hemos causado ese dolor hemos sido nosotros mismos.

La Biblia habla de estas situaciones tan cotidianas en nuestro día a día y la manera en la que debemos tratar esa reconciliación a una ofensa o herida en busca de un PERDÓN genuino. Pero antes de adentrarnos en la esfera del perdón horizontal entre las personas, tendremos que ver como Dios actúa con nosotros en esa relación de perdón vertical, pues será nuestro referente y gran ejemplo.

Dios ofrece el perdón a toda persona que confiesa y expresa su maldad contra el creador a través de una oración que nace de un ARREPENTIMIENTO verdadero, pues “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1ª Juan1:9). Además, en ese perdón vertical Dios da un paso más al decir: “perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (Jeremías 31:34) y no sólo eso, sino que metafóricamente lo entierra en lo profundo del mar (Miqueas 7:19), por tanto, no hay RENCOR alguno por parte de Dios.

Si ahora pasamos al plano horizontal, en muchas ocasiones, el orgullo humano nos impide buscar esa RECONCILIACIÓN entre la pareja, con nuestros padres, hijos o familiares, con amigos, compañeros de trabajo, del instituto o incluso con personas que no conocemos pero que nos han causado gran dolor.

El orgullo es el muro que dificulta en primer lugar ir a pedir perdón y en segundo lugar perdonar y restaurar relaciones deterioradas o incluso rotas. La Biblia expresa “Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.” (Efesios 4:32). Al entender que uno ha sido perdonado por Dios, debe actuar con la misma MISERICORDIA y también perdonar al prójimo. (Recuerda la parábola del hijo pródigo y como corre el padre cuando ve llegar a su hijo en busca de perdón).

Pero además, el perdón bíblico va mucho más allá de lo que la sociedad entiende como perdón, pues como leemos en Mateo 5:23-24 el mismo Jesús dice: “si llevas al altar del templo una ofrenda para Dios, y allí te acuerdas de que alguien está enojado contigo, deja la ofrenda delante del altar, ve de inmediato a reconciliarte con esa persona, y después de eso regresa a presentar tu ofrenda a Dios.” El perdón del que Jesús habla no es pasivo esperando que alguien venga a restaurar la ofensa, sino que es activo, o como diríamos hoy en día PROACTIVO. Es de un nivel superior, pues reclama que demos el primer paso aun cuando uno sea el mismo ¡ofendido! entendiendo que ese problema debe solucionarse cuanto antes y no enquistarse. Y lo prioriza incluso al momento dar una ofrenda a Dios.

Cuando nos acercamos a la mesa del Señor para tomar el pan y el vino, vemos que es un espacio donde no hay ninguna diferencia entre pobres y ricos, entre mujeres y hombres, entre razas humanas ni tampoco etnias, pues es un lugar para todos a un mismo nivel. Es donde recordamos y reconocemos que Dios siendo el ofendido también dio el primer paso de reconciliación acercándose primeramente al hombre en forma humana y posteriormente entregando a su hijo Jesús en la cruz, la mayor ofrenda jamás realizada, para pagar el precio causado en busca de RESTAURACIÓN y perdón contigo y conmigo.

Dios quiera que estas líneas nos ayuden a entender la dimensión del perdón bíblico y nos animen a restaurar de una vez y para siempre relaciones humanas destruidas, sin rencores del pasado, con un sencillo y verdadero “TE PIDO PERDÓN…”

 

Josué Ibáñez Valera

miércoles, 15 de julio de 2020

SI ALGUNO ME SIRVE SÍGAME

 

 

 

SI ALGUNO ME SIRVE, SÍGAME

 

                  Lectura Juan. 12:12 al 27

                            Texto: 12:26

Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

 

La escena que el evangelista Juan nos presenta en esta porción de su evangelio, viene precedida de unos acontecimientos relacionados con la entrada de nuestro señor Jesucristo en Jerusalén, y el hecho de haberse divulgado por la gente que había presenciado como el Señor llamó a Lázaro del sepulcro y la resucitó de los muertos. (vers.17)

El testimonio de aquellas gentes, origino cierto interés en recibir a aquel que había hecho esta señal, entre ellos; nos dice Juan: ciertos griegos que habían subido a adorar en la fiesta, se acercaron a Felipe rogándole querer ver a Jesús (Vsr.21)

Por lo que nos relata, estos griegos estaban motivados por lo que se divulgaba sobre él y por el triunfal recibimiento que aquellas gentes tributaron al Señor Jesús en aquel domingo en Jerusalén, y es evidente que esto haya sido así; puesto que la respuesta que Jesús dio a Felipe y Andrés fue bastante clara sobre su verdadero triunfo, cuya hora había llegado para ser verdaderamente glorificado. ¡Sí! Su nombre seria en adelante reconocido como verdadero triunfante entre los judíos y gentiles por su muerte y posterior resurrección; esto es lo que nos enseña en su contestación, al decir: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. (vrs.24)

La hora había llegado, su triunfo, su glorificación pasan por su pasión, muerte, resurrección, ascensión y venida del Espíritu Santo por el que producirá abundante fruto. El Señor está afirmando que su inmolación era la condición indispensable para la verdadera fructificación espiritual, y toma como ejemplo el grano de trigo para ello, el cual tiene el germen de vida en sí, pero ese origen de vida, no llega a producir otros granos con vida en sí mismos, a menos que sea sometido a un proceso de muerte por enterramiento en la tierra.

Esta es la ley establecida y el Señor Jesús nos la presenta acto seguido, como estableciendo cuales han de ser los intereses y prioridades espirituales en nuestra vida; puesto que el amar en demasía la vida natural, va en detrimento de la más elevada, (vrs.25) esto es; el negarse a sí mismo que con frecuencia proclamaba el Señor. Y esta ha de ser la actitud de todo creyente que quiera servirle y seguirle para poder estar con él en la gloria. “Donde yo estuviere, allí también estará mi servidor.” De esta forma nos anticipa una realización próxima.

 

I.-  SI ALGUNO ME SIRVE

El Señor Jesús nos está indicando un camino por el cual todo ministro o servidor que quiere seguirle tendrá que recorrer, si es que quiere estar donde él estuviere; pero el énfasis que quiero resaltar está en servir y seguir, porque esto trae recompensa.

Fijémonos pues, con motivo del texto leído que es lo que nos dice a nosotros; independientemente de cualquier otro servicio, este requiere vocación, dedicación e ir en compañía con la persona a la cual se le sirve, sígueme; lo cual requiere una actitud de ánimo que ha de manifestarse en una aversión de su vida en este mundo.

Es cierto que el hombre por naturaleza es “siervo del pecado” y que sin más por esa misma naturaleza está inclinado a esa tendencia de hallar placer en ello; por consiguiente, no está capacitado para servir a Cristo. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? (Rom.6:16)

Por esta misma razón, para servir a Nuestro Señor Jesucristo, es indispensable, la regeneración del hombre viejo que equivale, (en la figura del grano de trigo) a nacer de nuevo, es decir, nacer de arriba por la infusión milagrosa del Espíritu Santo que obra en nosotros una nueva naturaleza. Este es el proceso indicado por el Señor Jesús; debemos morir al pecado para que en una novedad de vida podemos servirle y seguirle, pues en la condición de muertos al pecado y al mundo es cuando se lleva mucho fruto.

 

II.-  SÍGAME

Es pues necesario para servir al Señor, seguirle en las condiciones expresadas por el Señor, hasta el punto de menospreciar nuestra vida; lo cual requiere dedicación, consagración y una entrega total para que su Espíritu nos impulse a estar donde el estuviere; toda vez que por nosotros mismos no somos suficientemente capaces de seguirle: “porque separados de mi nada podéis hacer” Jn.15:4/5)  Y todo verdadero siervo de Dios, admitirá juntamente con el apóstol Pablo: “no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia o suficiencia proviene de Dios” (2ª.Cort.3:5/6)

Ni que decir tiene, que este seguir al Señor Jesús, requiere del servidor una absoluta dependencia y continua comunión con él; obedecer su palabra, hacer su voluntad conforme al modelo y ejemplo que él mismo nos ofrece. ¡Fuera entonces mi voluntad, mi imaginación, mi sabiduría, mi plan, mi gusto, mi parecer! Diciendo Cristo “sígueme,” contestemos heme aquí, Señor, para hacer tu voluntad.

 

III.-  MI PADRE LE HONRARA

El mundo suele premiar a sus hombre ilustres, tiene sus honores predestinados, para sus Jefes de estado, para sus héroes, para sus campeones deportivos, para los grandes de la humanidad: Dios tiene una honra y gloria para los suyos que perdurara por la eternidad; no olvidemos que él fue quien nos escogió, nos eligió, para que llevemos fruto (Jn.15:16) “Dios no es injusto para olvidar nuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hbr.6:10)

Aun cuando un siervo del Señor no se sienta merecedor de nada, él recompensará a cada uno dándole su parabién: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor” (Mat.25:21)  El honrara a su manera y en  gran medida a sus siervos ya en esta vida, pues gran honra es ya, el saberse amado y aceptado; nosotros indignos de las menores de sus misericordias, nos aceptó en su hijo amado y nos dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn.1:12) y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser… (1ª.Jn.3:1/2)  ¡Cuanta honra, cuanto honor! El corona el trabajo, el esfuerzo y la lucha con una corona incorruptible. (1ª. Cort.9:25)

No es cierto que estamos habituados a contemplar escenas y a leerlas, cuando un cierto personaje visita o mora en tal casa u hotel; como sus propietarios suelen poner unas placas como recuerdo que conmemora tal acontecimiento. ¿Qué diremos nosotros de nuestro Rey y Señor que por su espíritu ha tenido a bien morar perpetuamente en el corazón del más humilde siervo suyo?

Con todo, no es tiempo de recibir los honores y la honra efectiva que en su tiempo Dios conferirá a sus siervos; el día viene presto y mi galardón conmigo nos dice en Apc.22:12.  ¡Que privilegio, que recompensa para sus siervos! a los cuales dijo: “seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre…os entregarán a tribulación y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre”Mt.10:22 y 24:9  ¡Ahora que cambio! Los despreciados, maltratados, perseguidos y objeto de toda mofa y desprecio, honrados, coronados y constituidos en jueces de las gentes. ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? (1ª.Cort.6:2)                   

 

V. Ibáñez

 

 

 

 

 

domingo, 5 de abril de 2020

¡HE AQUÍ EL HOMBRE!

                                    ¡HE  AQUÍ  EL  HOMBRE!
                                        Lectura. Juan 19: 1 al 16
                                               Texto: Juan 19:5
Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

            La lectura de los evangelios nos relata los hechos históricos de la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, de cuya transcendencia sale beneficiado todo aquel que en él cree.
            El evangelista Juan nos refiere los sucesos acaecidos en la noche que comenzaron en el huerto de Getsemaní y terminaron en el sepulcro abierto en una peña.
            Por lo que podemos apreciar en estos acontecimientos históricos, Juan nos narra episodios omitidos por los otros evangelistas, o si coinciden con ellos, los completa de alguna otra manera para nuestra mayor comprensión de todo lo sucedido.
            Los puntos más sobresalientes de la pasión y muerte de Cristo, según Juan son: La declaración del Señor y su presentación ante Caifás, (18:1/14) la triple negación de Pedro, (18:15/18 – 25/27) y el primer interrogatorio ante Pilato. (18:28/38)
            La lectura que me ha servido de texto para esta reflexión, es una de las más culminantes de la pasión de Cristo; el momento en que Pilato presenta a Cristo Jesús ante los principales sacerdotes y aguaciles como Ecce Homo -¡He aquí el Hombre! es de suma trascendencia, aun que nunca supo él, la importancia que sus palabras tenían para la humanidad y mucho más para los creyentes.
            Allí estaba Cristo, desollado por el terrible suplicio de la flagelación, su rostro hundido, en su cabeza a guisa de burla una corona entretejida con arbustos espinosos, su faz demudada por el dolor y por los cuajos de sangre que bajaban desde su frente y por los salivazos de la soldadesca, su cuerpo cubierto con una túnica de púrpura y entre sus manos,  una caña cual cetro; burlas, escarnios y bofetadas, y en tal condición, Pilato lo presenta a aquellos sacerdotes y aguaciles y les dice con admiración: ¡He aquí el hombre!
            Poco sabía Pilato que tenía ante sí; al “siervo de Dios”
 que vino a ser “varón de dolores” “de tal manera – dice Isaías – fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, de tal forma que no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos más sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. (Isa.52:14 y 53:2/3)
            Pilato conmovido sin duda por su interrogatorio y por la majestad serena del reo, y por la afirmación que había hecho
Cristo, de un reino suyo que no era de este mundo, trata sin éxito de conmover a los principales del pueblo y les dice: “Mirad os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él.”
            Esta aparición emocionante de Cristo, llevando su manto de púrpura, su corona de espinas y la caña –cual cetro- entre sus manos; es la figura más profunda de su humillación y de sus sufrimientos que ha quedado grabada en los recuerdos más profundos de su iglesia, y la palabra pronunciada por el gobernador romano, ha tenido un significado santo y profundo para la salvación del hombre que Pilato no se imaginaba; como en el caso de Caifás que profetizó, sin saberlo, que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo” (Jn.11:49/52)
                        ¡HE AQUÍ EL HOMBRE!
            Lo que Pilato inconsciente dijo y que tampoco pudieron comprender sus enemigos enfervorecidos de rabia, tratemos de meditarlo a 20 siglos de distancia.
            Y concretando mi pensamiento diré: ¡He aquí el hombre! esto es; el hombre tipo establecido por Dios, cuyos eventos históricos los hallamos en las Escrituras, porque Cristo es el cumplimiento de la restauración histórica del hombre caído; ved sino la gran catástrofe que nos introdujo Adán, por desobedecer a Dios su creador, rompiendo así los lazos que le unían  a él; desde entonces todo quedo trastornado, al pecar se arruino y hundió consigo a toda la humanidad: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores; así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.(Rom.5:19)
            Ahí esta Jesucristo, el hijo del hombre, como se llamaba el así mismo, es decir, el hombre por excelencia, verdadero tipo humano que responde al ideal del hombre perfectísimo que hay en la mente de Dios. El escritor sagrado nos dice en Hbr.1:1/6 que fue hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredo más excelente nombre que ellos” Luego hemos de admitir que Jesucristo está por encima de todo hombre, siendo así el tipo supremo de la humana perfección. Es más las Sagradas Escrituras, se complacen en revelarnos como por obra y gracia del espíritu Santo, Cristo ha venido a ser consanguíneo y hermano nuestro; “por lo cual no se avergüenza de llamarnos hermanos” (Hbr.2:11) es el Adán segundo por tanto espiritual, constituyéndose en Hombre-Dios, Emmanuel-Dios con nosotros; y en su encarnación toma forma de hombre anonadándose en forma de siervo, y en esta condición poder restaurar todo cuanto cayó y se arruino en la caída del primer Adán, el hombre terrenal que fue formado del barro de la tierra (1ª.Cort.15:45/47) Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1ª.Cort.15:22)
            ¡He aquí el hombre! Que de las alturas inconmensurables de su grandeza, se ha hundido voluntariamente en la cima de la más profunda miseria, Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. (2ª.Cort.8:9)
            Mis queridos lectores, todos y cada uno de vosotros, meditad en Cristo Jesús como nuestro pariente consanguíneo, como nuestro hermano redentor que toma forma de hombre y participa de lo nuestro, para que nosotros podamos participar de lo suyo, esto es la vida eterna.
            ¡He aquí el hombre! El hombre como dijera la Samaritana que me ha dicho todo cuanto he hecho” –“este es el hombre que saco de mí una legión de demonios, diría el Gadareno” ¡Y que de la viuda de Naín! “este es el hombre que saco del féretro a mi hijo” El paralitico del estanque de Betesda, diría alborozado, “¡Ya tengo hombre que me restaure! “El ciego del estanque de siloé pudo decir a sus convecinos; el hombre que se llama Jesús untó los ojos con barro y recibí la vista”
            Y cuantos más podíamos estar contando nuestra propia experiencia de nuestro ir a él, de nuestro encuentro muy personal con él y cuan dichosos nos ha hecho perdonándonos nuestros pecados y darnos la vida eterna. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo –dice el Señor- os haré descansar” (Mt.11:28)
            Bienaventurados todos los que podemos cantar el cántico nuevo diciendo: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apoc.5:9)
                                                                         V. Ibáñez