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lunes, 6 de octubre de 2014


              y  yo  no  lo  sabía

Texto. Génesis. Cap. 28.16

Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar,  y yo no lo sabía.

Lectura. Génesis. Cap. 28.:10/22

Nos hallamos ante uno de los episodios de la vida de Jacob, posiblemente más interesantes para nuestra reflexión, porque en el vemos como la actividad de nuestra voluntad natural, se desarrolla al querer alcanzar por medios naturales, aquello que en nuestra vida espiritual, debe ser dejado a la disposición de Dios.

Por lo que sabemos de las escrituras, Dios no silencia las infidelidades ni pecados de los que figuran en sus páginas, nos faltaría espacio para enumerar algunos de ellos; no obstante, en todos y en cada uno de ellos, se nos presentan de una forma gráfica como Dios interviene en sus vidas permitiendo ciertas ligerezas y decisiones nacidas de la voluntad natural humana, con el objeto de disciplinarles hasta el quebrantamiento de esa voluntad natural del individuo con el firme propósito de restaurarle y manifestarle su misericordia y bendiciones subsiguientes.

El gran error de Jacob y nuestro también, no está en entender o mal entender la voluntad de Dios, sino más bien en atentar promoverla y asegurárnosla por nuestros propios esfuerzos e impulsos naturales de nuestra voluntad.

El hecho de vivir en un hogar cuyo abuelo y padre, con sus aciertos o desaciertos obedecían las directrices de Dios y en cuyos caminos había sido Jacob instruido, era más que suficiente para no vivir descuidadamente y hacer lo que le viniera en gana, sin reparar en los medios para conseguir ciertos fines.

Sus principios y su corazón, podíamos decir, fueron instruidos en las promesas y bendiciones de Dios, de cuyos beneficios y cuidados disfrutaron, su abuelo y su padre, no siendo él ajeno de los mismos; pero su mente natural no podía obrar sino de acuerdo con sus propios impulsos inconscientes, haciendo de ellos el vehículo por los cuales la mentira, el engaño, la suplantación y aprovechamiento fueron para él algo natural y como lógico para obtener sus objetivos.

Me da la impresión que esto mismo nos ocurre a muchos de nosotros y no deja de ser un lamentable cuadro de muchos, cuya profesión de fe religiosa es más bien inconsciente; las cosas naturales nos invaden y atraen, y como consecuencia de ello, se aprecian en ocasiones, criterios y conceptos muy naturales de nuestros conciudadanos o amigos, antes que los vertidos por reconocidos hermanos en la fe que nos precedieron. “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Dios pesa los espíritus” “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” –Prov.16:2 y 25

Es muy cierto que Jacob, después de haber conseguido la bendición paterna por engaño, le quedo muy poca felicidad en este mundo; el temor a las represalias de su hermano, le hicieron huir y vivir 20 años de servidumbre, donde el engañador fue engañado y sufrió las consecuencias de su propio desvarío y de las actitudes de sus hijos; sin menos cabo de la continua protección de Dios, el cual le disciplinó y quebrantó, guardándole como mejor le pareció, para ejemplo y admonición nuestro. “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.” –Porv.16:18

                              Y yo no lo sabía

Hallamos a Jacob huido de la casa paterna a causa de su engaño y mentira, y bajo la amenaza de muerte de su propio hermano. Gen.27:44  Había caído la noche en Harán y encontró un lugar donde preparo para dormir allí. Vers.10/11

Abatido física y moralmente, cae rendido en un profundo sueño donde el cuidado de Dios se le manifiesta, declarándole sus planes e intenciones respecto a él mismo y su posteridad, en forma de una escala. Vers.12

¡Qué escena más sublime de la manifestación de la Gloria y Gracia de Dios!  El desciende y ve nuestra condición en la persona del suplantador Jacob. “ Porque él conoce nuestra condición: se acuerda de que somos polvo” Sal.103:14

Es de notar que Dios se le presenta y revela sus propósitos, presentándose como el Dios que visito a su abuelo Abraham y a su padre Isaac. Las características de esta revelación son semejantes a las pronunciadas a sus padres; que sin duda él como beneficiario conocía, puesto que contienen unas bendiciones, no solamente para él y su descendencia, sino que también serán  benditas todas las familias de la tierra.” Vers.14

Jacob, iba a tener una viva experiencia muy personal de las promesas efectuadas; “donde quiera que fuere, El no le dejaría y le guardaría hasta volverle a esta tierra. Vers.15 -  El Salmista dice: “Jehová guardará tu salida y tu entrada ahora y para siempre. Sal.121:8   La revelación tiene unas características muy peculiares, Dios se le presenta como primera persona; Yo soy, y le recuerda en su inconsciencia que él es el Dios de su abuelo y el de su padre; como el que quiere despertar en él, algo que en realidad llevaba dormido en su inconsciente por una profesión religiosa rutinaria, y le enfatiza que, todo lo que conseguirá en su vida, no será por sus esfuerzos e instintos naturales de su corazón, sino porque Yo soy Jehová, Yo te daré. Yo te guardare. Yo te volveré, Yo no te dejare, hasta que Yo haya hecho lo que Yo te he dicho.

Sea como fuere, el conocimiento que Jacob tenia de Dios era muy limitado y carente de experiencias o vivencias personales de intima comunión; prueba de ello fue su respuesta: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar.”!

¡Cuanto deberíamos reflexionar sobre nuestra vida de creyentes! Cristianos hay que profesan una fe inconsciente, por seguir la creencia de sus padres, como una mera rutina o costumbre del país o región en donde viven;  aun nuestros hijos, siguen porque seguimos y es una costumbre desde la niñez; algunos llegan a darse cuenta algún día de su error, pero la mayoría pasan su vida sin convicciones fuertes o vivencias de la presencia de Dios en sus vidas. ¿No es cierto que disfrutamos de las bendiciones del Señor y confiamos en él?  ¡Claro que sí! pero me temo que como Jacob, no tengamos en ellas convicción alguna de su presencia en nuestras vidas; existe una gran diferencia entre la bendición y su presencia; disfrutamos mucho de los bienes que esta bendición nos da o trae consigo, todo nos va bien, nada nos falta, tenemos de todo, pero nos falta la de su presencia: ¿La buscamos?  ¿No estamos más inclinados a confundir la bendición con la presencia de Dios en nuestras vidas?  Esto sin duda es lo que nos enseña los vers.20/21.

                              Jehová será mi Dios

Si fuere Dios conmigo,”  “Si me guardare,”  Si me diere pan,”  “Si me diere vestido,“  Si me tornare en paz”

Jehová será mi Dios

            ¡ Cuanta inconsciencia!  “será mi Dios”  ¡Que insensatez!  No afirma, ante todo lo contrario, lo condiciona; lo cual nos sugiere que en tal condición moral de su naturaleza humana, no podía apreciar realmente, la gloria y la gracia de Dios, que a él se le manifestaba, antes más bien tuvo miedo de aquel terrible lugar.  No es de extrañar que Dios se obligara a reservarse el derecho de “guardarle y traerle a esta tierra.”  Queridos todos, en nuestro peregrinar por esta tierra también tenemos la promesa que el Señor nos da: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin” Mt.28:20  “para que donde yo estoy, vosotros también estéis; Jn.14:2  y él y nadie más que él, nos introducirá en esas moradas eternas; por consiguiente mantengamos firme sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió Hbr.10:23

            El que prometió a Jacob, nos promete a nosotros por igual; solamente que le obedezcamos continuamente en nuestro caminar, como meta a conseguir sin condición alguna y aceptando su protección, como en nuestro cántico dice: El te guardo como mejor le agradó

            Dios se propuso cuidar de él y traerle a esta tierra, pero en las condiciones naturales de su voluntad y corazón, no era posible, y Dios interviene en su vida como mejor le pareció, para aleccionarle, si cabe disciplinarle, a fin de doblegar su obstinada voluntad, hasta el quebrantamiento.

                          Luchó  con él un varón

            No olvidemos que Dios nuestro Señor, podrá permitir nuestros pecados y torpeces en nuestro cotidiano caminar; pero no se deja influir por ellos y sabe servirse de las consecuencias de nuestra torpeza o faltas humanas para ejecución de sus planes. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.” Isa.55:8

            Y mientras recogemos el fruto de nuestros propios caminos, en nuestra impaciencia e incredulidad; Dios se manifiesta en nuestras vidas para hacernos comprender, cuan equivocado ha sido el camino que recorrimos aunque para ello nos tenga que disciplinar con dolor. El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige”Prv.13:24

            Este es sin ninguna duda el caso de Jacob, sus planes habían quedado bien definidos, en cuanto a su encuentro con su hermano Esaú, (cap.32:13/21) con el objeto de “apaciguar su ira y ser aceptado.” La escritura nos relata cómo dispuso para que sus esposas e hijos y todo lo que tenia, cruzaran el arroyo Joboc, quedándose él solo. Cap.32:22/24

            Ahora es el momento una vez más para la manifestación de la Gracia de Dios;  “y luchó con él un varón hasta que rayase el alba,” es de notar esta lucha lo fue sin tregua y no fue desigual, se luchó hasta la extenuación  y cuando el varón vio que no podía, con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyunto el muslo. Jacob no quiso rendirse sin que le bendiga; (Oseas. Cap.12:4, nos dice, como venció al ángel y prevaleció,  lloro y le rogó; cuan intensa debió ser su súplica y amargo lloro para arrancar del ángel la bendición, ¡ y qué bendición ¡ ver a Dios cara a cara y no morir; ¡ cuánta gracia, cuanta condescendencia. !  El Señor Jesús nos dijo: “mejor te es entrar en la vida cojo…. que ser echado en el fuego eterno” Mt.18:8

            De esta lucha, obtuvo mediante la Gracia de Dios, el nombre de Israel pero con el conocimiento de su propia debilidad personal, y en estas circunstancias, con las señales evidentes de su debilidad y cojera, es cuando pudo estar capacitado para el encuentro con su hermano Esaú.

            ¡ Que lección de disciplina encontramos aquí para doblegar la obstinada naturaleza humana ¡ En todo momento y aunque el Señor ceda en nuestras flaquezas y torpezas, no olvidemos que tiene poder más que suficiente para derribarnos, disciplinarnos y quebrantar nuestra voluntad, aunque en ello suframos las consecuencias.

            Mis amados lectores, cuantas veces en el transcurso de nuestra vida no habremos sufrido alguna frustración o quebranto por haber ocultado algo propio de la voluntad humana, que ha distanciado a tu propio hermano, y desearíamos fervientemente cambiar las circunstancias y olvidarnos pronto, antes que reflexionar sobre ello a solas con nuestro Dios, y conseguir una victoria sobre nosotros mismos.

No olvides que Jacob dijo al Señor:  ·no te dejaré, sino me bendices”.

            Habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.

            Si soportáis la disciplina, Dios os trata como hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.”  ( Hebreos. 12:5/8 )

                                                             V. Ibáñez

Comentarios a:Vicenteibanezsaez@hotmail.com

lunes, 7 de julio de 2014

MIRARAN AL QUE TRASPASARON


                                     MIRARÁN AL QUE TRASPASARON
                                                  Lectura: Juan. 19:17 al 37
                                                        Texto. Juan: 19:37
                                      Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron”
 
            La narración que el apóstol Juan hace de la Crucifixión de Cristo, está avalada no tan solo por lo que el “vio,” (Vrs.35) sino que se apresura a mostrarnos esta verdad ya revelada por los profetas en las Escrituras, muchos años antes de este acontecimiento; teniendo buen cuidado y por inspiración Divina, de colocar, junto al hecho sucedido, las palabras: “estas cosas fueron hechas para que se cumpliese las Escrituras” (Vers.24- 28- 36/37)
            Así pues, por lo que podemos apreciar del relato leído; es que hay en la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, hechos vaticinados por los profetas, que no podían ser por lo mismo, conocidos sino por Dios y preanunciados solamente por El en las Escrituras a través de los profetas.
            Estos hechos son narrados y se produjeron, para confirmar la veracidad de la Divinidad de Jesucristo: Siglos antes de que naciera la profecía y de que Cristo viniera en carne a este Mundo, hubo como una existencia prehistórica en la que se concertó, por determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, las condiciones de su vida futura; siendo posteriormente la profecía quien lo identifica como el Mesías ó Ungido de Dios, ya que esta; no es más que la previsión y el anuncio cierto y preciso de un hecho futuro, cuyo conocimiento no puede ser deducido de las cosas naturales.
            Si la profecía y los milagros han dado este relieve extraordinario a este Hombre-Dios colgado del madero de la cruz; es porque su crucifixión es la síntesis y el punto de partida de su obra redentora. Así dice el apóstol Pedro a los ciudadanos de Jerusalén que presenciaron la pasión y muerte de Cristo: “Jesús Nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él como vosotros mismos sabéis; a éste entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole…..a este Jesús a quién vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.  (Hch.2:22/23 y 36)
            Esta es la profunda y simple teología del Crucificado, en orden a cada uno de nosotros.  Mirad al crucificado, he aquí la obra de Dios a tu favor y al mío; así lo confiesa el apóstol Pedro diciendo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro hombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”(Hch.4:12)
            En la Historia Universal hay dos momentos culminantes para la Humanidad: -El Árbol del Paraíso (Edén) con el fruto de maldición que nos trajo la ruina, y el Árbol de la Cruz con el fruto de Dios, Cristo-Jesús, que reparo la catástrofe y ruina del primer Hombre-Adam en el huerto del Edén: Y por 20 siglos, las generaciones cristianas tienen sus ojos fijos en la Cruz de Cristo; eje y cifra de paz, para un Mundo que gime bajo el peso del pecado y de la culpa.
            I.-MIREMOS LA REALIDAD DEL POR QUÉ DE LA CRUCIFIXIÓN.
                Podemos decir que casi todos los profetas se han dado cita en el Calvario: La revelación del Antiguo Testamento cuenta con soberana maestría, la descripción de los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo y el motivo por el cual tenía que pasar por ellos.
            El profeta Isaías muestra la imagen del futuro redentor 700 años antes de su muerte en Cruz; denunciando que sería: “despreciado desechado, entre los hombres, varón de dolores experimentado en quebranto… (Isa.53:3) ¿Que es lo que ve a tantos siglos de distancia?  No una figura regia y soberana vestida de majestad adorada por los pueblos y naciones de la tierra; no, antes ve un varón de dolores sin hermosura, sin apariencia, desechado, desatendido de todos, herido y señalado por la mano de Dios y abatido hasta el polvo.
            Pero completa su revelación descifrando ya el enigma de la redención y su crucifixión diciendo: “ciertamente llevó El nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, - fue herido por nuestras rebeliones, -dice: molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra Paz, fue sobre él y por su llaga (herida) fuimos curados”. Isa.53:4/5 
            He aquí la realidad del porque de su crucifixión. - ¡Si! Jesús es el redentor, - la causa de verse tan envilecido no fueron sus culpas, sino el haber él llevado nuestras enfermedades, nuestras iniquidades, nuestro pecado. “Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.”
            Después de la visión del profeta y el haber transcurrido los siglos, acercándose el momento en que se ha de cumplir el vaticinio profético, llega por fin el hombre preanunciado, Jesucristo, y verifica él mismo, lo que las profecías dijeron. “He aquí dijo a sus discípulos: subimos a Jerusalén y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del hijo del hombre, porque será entregado a las gentes y será  escarnecido é injuriado, escupido y después que le hubieren azotado, le matarán: más al tercer día resucitará” (Luc.18:31/33)
            Lo que dijo Jesús, conforme lo predicho por los profetas, se verifica luego y se consuma en la Cruz del Calvario, con incontables dolores y tormentos. Después los apóstoles anuncian este sacrificio a todo el Mundo diciendo: “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Ro.5:8) La predicación del apóstol Pablo era esta: “Cristo fue muerto por nuestros pecados, conforme a las Escrituras.” (1ª.Cor.15:3) “Cristo fue propuesto por Dios, en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia los pecados pasados.” (Ro.3:25) “Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, más para aquel que murió y resucitó por ellos.”(2ª.Cor.5:15)
            El apóstol Pedro predico: “Cristo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero de la Cruz, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia, por la herida del cual habéis sido sanados.”(1ª.Pdr.2:24)  Juan el apóstol predicaba lo mismo: “El Cristo es la propiciación por nuestros pecados y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1ª.Jn.2:2)
            De esta manera forman perfecta armonía como tres voces unísonas; es decir: El vaticinio de los profetas. La revelación del propio Señor Jesucristo y la predicación y doctrina de los apóstoles; que como poderoso acorde, sigue resonando hoy día por la predicación de su iglesia. Hemos visto la realidad del porqué de su Crucifixión.
            II.- OBSERVEMOS AHORA LA REALIDAD DE LA MIRADA DE  
                    LOS QUE CONTEMPLABAN LA CRUCIFIXIÓN.
                En el evangelio de San Lucas, 23:35, leemos: “Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo:
A otros salvó; sálvese a sí mismo si éste es el Cristo, el escogido de Dios.”
            La comitiva de los ajusticiados había despertado gran interés
En el pueblo, porque aquel que en un Domingo entró triunfante sobre un pollino en la ciudad de Jerusalén, había sido condenado por aquella misma muchedumbre que antes le aclamó. Amigos, existen siempre esa masa humana que se deja llevar de acá para allá, que un día aclaman a unos y otro día aplauden a otros; que hoy dice reverenciar a Cristo y mañana sin duda se postraran ante al anticristo.
En Jerusalén, hubo esa clase de gente el día que había de decidirse la suerte de Cristo; era esa gente que gusta seguir el pensamiento de otros, sin molestarse en pensar por sí mismos.
            Los judíos., como los religiosos de hoy día, eran religiosos por tradición más que por naturaleza ó convicción, y cualquier cuestión religiosa la dejaban en manos de los sacerdotes y doctores de la ley; estos lo sabían y dirigían a su antojo a las masas y estas ponían en manos de ellos sus destinos y cuestiones espirituales; si decían que Cristo había de ser crucificado; ellos clamaban ante Pilato, Crucifícale.
            Paciente lector; me temo que todavía existen en nuestros días muchas personas semejantes; que van a donde otros les llevan o a donde van otros sin pararse a reflexionar por sí mismos, que miran a la Cruz porque sus padres miraron, no porque se sientan llamados a identificarse con el crucificado: Es la mirada superficial e indiferente en el aspecto espiritual la que dirigen a Cristo.
            En Lucas, 23:39, leemos: “Y uno de los malhechores que estaba colgado, le injuriaba, diciendo: si tu eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.”  El malhechor que estaba en la misma condenación injuriaba al Señor; había vivido por tiempo en la impiedad: Es un cuadro fiel del hombre natural, descrito por el apóstol en Ro.3:14, “su boca está llena de maldición y de amargura, quebrantamiento y desventura hay en sus caminos, no conocieron camino de paz, no hay temor de Dios delante de sus ojos.”
            Sin duda que también el malhechor tiene sus seguidores e imitadores; son aquellos que no pueden avenirse y conformarse en manera alguna, con sus penas a que está sujeta la vida de pecado del hombre. Aquellos que con el sufrir no saben acercarse a Dios como su Salvador, y en vez de mejorar y hacerse más compasivos y considerados con ellos mismos y con el prójimo; se hacen por el contrario más amargos y agresivos  contra Dios y los hombres, volviéndose impíos y blasfemos.
            ¿Cuántas veces hemos tenido que oír expresiones tan mal sonantes como las de este malhechor colgado en la cruz? - ¡Si es que Dios existe, si es cierto que hay Dios en los cielos! ¿Por qué permite esto, o lo otro, porque no interviene?  Así preguntan aquellos que tan solo quieren de Dios un auxilio inmediato y externo, que solo apetecen ventajas temporales, ganancias terrenales y no ven que la causa de tanta calamidad, miseria, odios raciales y guerras, son hijas de la ambición, de la injusticia, del orgullo, del egoísmo y del pecado de los hombres.
            Nos dice Lucas, 23:40/42, que: “respondiendo el otro malhechor, le reprendió diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”  Eh aquí el hombre cuya mirada al crucificado le llevó al reconocimiento y confesión de su condición de malhechor y por supuesto de pecador; fue una mirada sincera, llena de esperanza.
            También este malhechor, tiene sus seguidores o imitadores, pocos cierto, pero los hay: Hombres y mujeres que reconocen su condición y se identifican con la muerte del Salvador, confesándole lo que son y han hecho, es decir, sus pecados: Y tú mi paciente lector puedes ser uno de ellos; Entre tanta multitud uno miró con sinceridad y fe, no pidiendo beneficios para ahora, no beneficios materiales, no pidió un auxilio inmediato y externo, no apetece ventajas temporales, sino que su petición es trascendental; es para cuando vinieres á tú reino.”  La respuesta del Señor Jesús fue: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”   El poeta escribió así: Oigo a los necios decir: No pudo, salvando a otros, salvarse así, y exclamo Cristo yo te saludo, porque en tu muerte, vida no dudo hay para mí”
            III.-  NUESTRA MIRADA HOY
                Querido amigo, como es hoy nuestra mirada al crucificado. ¿Será como la de aquel pueblo indiferente, que no piensa por sí mismo, dejando que otros decidan,  lo que tan solo te afecta a ti personalmente?  “Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían goleándose el pecho” (Luc.23:48)
            ¿Serás capaz de impresionarte, hasta el punto de volverte como ellos lo hicieron, golpeándose sus pechos, pero que pasada esa impresión y en vísperas de la fiesta de la pascua que se avecinaba, se olvidad que son pecadores necesitados de la salvación que Dios ofrece por medio del sacrificio de Cristo en la Cruz? Acuérdate, él llevó nuestros pecados, nuestras iniquidades, fue herido por nuestras rebeliones y el castigo que merecieron nuestros hechos y olvidos, fue sobre él, para que también por su herida pudiéramos ser sanados.
            No cabe duda que esta escena de la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo, nos invita a la reflexión. Pronto se celebrará la Pascua y nuestras impresiones tal vez desaparezcan con la fiesta; suele ocurrir esto siempre, pero no olvides, que la Cruz que salvo a uno, esa misma cruz condeno a otro.
            ¿Vamos a ser como ese malhechor injuriador, añadiendo más pecado sobre la carga ya pesada de nuestra culpa e iniquidad, buscando tan solo los beneficios temporales, sin reconocer nuestra precaria condición de pecadores no arrepentidos?  ¡Oh tal vez vamos a ser sinceros por lo menos una vez, y ante su palabra Divina y ante su Cruz le reconozcamos como Rey y Señor de nuestra vida, solicitando de él un recuerdo, un sitio en su reino!
            Hemos estando reflexionando sobre la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y como los profetas, por las Escrituras profetizaban anunciando este hecho histórico tan trascendental para cada uno de nosotros y por supuesto para todo aquel que en él cree. El apóstol Juan dice, que en aquellos momentos se cumplía una de las profecías pronunciadas por el profeta Zacarías, en su libro cap. 12:10 que dice así: mirarán a mí, a quien traspasaron”
La lanza del soldado romano fue el punto culminante del cumplimiento de esta verdad; verdad que trasciende en el tiempo, porque la profecía de Zacarías dice así: “Y derramaré sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. Y tendrá su cumplimiento definitivo cuando aparezca en su segunda venida, porque el ojo despierto del profeta, está captando una visión futura; (después de la realidad de la crucifixión de Cristo y su traspasamiento) de la próxima victoria del reino de Dios en la tierra, en conexión con el retorno del Mesías; entonces todo Israel será salvo. (Ro.11:26)
A así como los antiguas Israelitas, (Num.21:9)  miraban a la serpiente de bronce en el desierto, -figura de la Cruz- y quedaban curados de las mordeduras de las serpientes; así también mirarán en su segunda venida y serán salvos. Esta es la verdad profetizada y esta corroborada en el momento de la ascensión o traspasamiento de Cristo al cielo, por aquellos varones con vestiduras blancas, que dijeron a sus discípulos: Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”  Y también está apoyada por el apóstol Juan en Apc.1:7  “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.”
Que estas simples reflexiones puedan ayudarte a comprender la obra de redención que el Señor Jesús llevó a cabo, y la aceptes como único media de salvación; porque: en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Ro.4:12)
                                                                       V. Ibáñez
Comentarios a  vicenteibanezsaez@hotmail.com.
 
       
             

 

 

                                                  

                               

                                  

sábado, 5 de abril de 2014

¿QUE, PUES, HARÉ CON JESÚS, LLAMADO EL CRISTO?

¿QUE, PUES, HARÉ CON JESÚS, LLAMADO EL CRISTO?

                            Lectura Mateo 27: 1 al 26

                                   Texto. Mateo 27:22

      Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?          
                         

      La lectura de este capítulo, presenta los acontecimientos transcendentales del juicio de nuestro Señor Jesucristo.                       

      Poncio Pilato, el gobernador romano, había sido sorprendido por la mañana temprano, por la visita de los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, que traían maniatado a Jesús.

      El evangelista Juan relata como éste, salió del pretorio porque los principales de los sacerdotes no querían entrar para no contaminarse y les preguntó: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? respondieron, que era malhechor; mandoles pues, lo tomasen y que le juzgasen ellos conforme a su ley; la contestación fue “a nosotros no nos es licito matar a nadie.” (Jn.18:31)  Así supo Pilato que la acusación contra Jesús, era grave y que ellos ya lo habían juzgado de antemano, pronunciando su sentencia de muerte.

      Desde ese momento traba conversación a solas con Jesús, y el resultado es que no hallo causa alguna de crimen. Por tres veces nos dice la escritura, que proclamó la inocencia de Jesús; pero como los principales de los judíos porfiaban él, intentó eludir toda responsabilidad y al saber que Jesús era Galileo, lo envío a Herodes, pero este sin hallar ningún crimen, lo remitió a Pilato.

      Por las conversaciones con los que acusaban a Jesús, supo que por envidia lo habían entregado; entonces les propuso de acuerdo con sus costumbre de soltar a un preso famoso en la fiesta de la pascua, con tal de distraer la atención que habían fijado en Cristo, pero fue en vano su intento.

      Sentado ya en la silla tribunal, su esposa le envío aviso diciéndole, que no tuviera nada que ver con aquel justo, pues había padecido mucho aquella noche en sueños por causa de él. Este momento fue aprovechado por los acusadores de Jesús, para mezclarse con la muchedumbre y persuadirla a que soltasen a Barrabás, y a Jesús crucificasen.

      ¿Qué, pues, haré con Jesús, llamado el Cristo?     

      He aquí una pregunta, que más parece un descargo a su gran responsabilidad. Sobradamente sabía lo que debía hacer si seguía los principios de la justicia; pero por otra parte se sintió que estaba atado por la impopularidad en que incurrió por su mala conducta en su gobierno.  

      Pilato habíase hecho muy odioso a los judíos ofendiendo y menospreciando sus más profundos sentimientos nacionales y religiosos; pues según mencionan los historiadores: Cambio su ejército de Cesárea a Jerusalén para invernar allí e hizo meter en la noche unos estandartes que traían bustos de Cesar; esto era contrario a la Ley religiosa de los judíos.

      Multitud del pueblo, estuvieron por espacio de cinco días rogando incesantemente que estas imágenes fuesen quitadas de Jerusalén. Al sexto día Pilato introdujo soldados haciendo que matasen atrozmente a muchos de la multitud que protestaban por aquella transgresión de la Ley.

      También uso el tesoro del Templo para construir un acueducto; el pueblo se reunió en rededor de su tribunal, denunciando el hecho, pero otra vez mezclo soldados que apalearon bárbaramente a muchos mientras otros eran atropellados mortalmente.

      Según leemos en el evangelio de San Lucas. 13:1, el mismo Señor Jesús, habla sobre el hecho, cuando Pilato mató a ciertos galileos mientras ofrecían sacrificios en el Templo, de modo que su sangre se mezcló con la sangre de sus sacrificios; lo cual era para los Judíos una combinación horrible de crueldad y profanación.

      También se habla de los asesinatos que cometió sin previo juicio. Lo cierto es que Pilato se vio aprisionado por sus propios actos malos. En esto vemos mi querido lector, como un pecado trae muchas veces como consecuencia, la necesidad evidente de cometer otro pecado; por supuesto Pilato tenía ya su convicción formada, sabía lo que debía hacer, sabía de sobra que uno de los caminos era el verdadero, pero rehusó seguirlo conscientemente; inmolo la justicia a sabiendas y pisoteo lo más sagrado de la conciencia, tenía su convencimiento con respecto al Cristo; no obstante pisoteo la justicia y sus propias convicciones.

      Pilato era consciente y sabia de Jesús, que los principales de los sacerdotes y los ancianos, no podían apresar a Jesús sin su autorización como gobernador que era: Que el juicio de Cristo, celebrado por los judíos era ilegal, puesto que según las leyes de ellos, no permitía a ninguno miembro del Sanedrín reunirse de noche, y ellos prendieron y juzgaron a Jesús por la noche. Pilato mismo se había percatado, que por envidia lo habían entregado; que era inocente, tanto él como Herodes, no hallaron culpa alguna de muerte; su propia esposa le llamo justo y él mismo lo proclama ante la multitud, en el acto de lavarse las manos.(Mat.27:24)

      Lo entregó en contra de las leyes de Roma; lo entregó por miedo. (Jn.19:8) ¡Y aun pregunta ¡ ¿Qué, pues, haré, con Jesús llamado el Cristo? Sea crucificado grito la muchedumbre y acepto la respuesta y ordeno la crucifixión.

      ¡Si al menos hubiera sido noble cargando con su responsabilidad,! pero no, quiso lavarse las manos ante el pueblo. ¡Que ridículo e infeliz, lavarse las manos!  Para qué, si no podía lavar de su alma y su conciencia tan terrible pecado de rechazamiento.

      Amigo y paciente lector, el que es verdaderamente responsable de alguna decisión, no puede trasladar la responsabilidad a otros, aunque estos voluntariamente la acepten, (Mt.27:25) cada cual pagara por su pecado.

      Con todo esto, nadie era más consciente de lo que se avecinaba que el mismo Señor Jesús: La crucifixión era la meta de su carrera terrenal, el objeto mismo de su encarnación; y Cristo lo sabía, porque él vino a poner su vida en propiciación por nuestros pecados. En Mateo 20:28 Cristo dijo: El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” Días antes de su prendimiento dijo: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; más si muere mucho fruto lleva”(Jn.12:24)

      Era necesaria la redención, por cuanto todos los hombres habíamos pecado y estábamos destituidos de la gloria de Dios. (Rom.3:23)  Cristo sabía que no había ni siquiera un justo que buscase a Dios y por consiguiente estábamos muertos en nuestros delitos y pecados.

      El sabía que tu propia incredulidad y la mía, nos había alejado de los caminos de Dios, prefiriendo nuestros propios caminos y siguiendo las inclinaciones de un corazón influenciado por el pecado; que nada podíamos ofrecer a Dios, ni a su justicia; porque todo lo nuestro está manchado por el pecado, que éramos unos inútiles; porque ni por nuestras propias obras, ni por la ley podíamos ser justificados ante Dios su Padre; que estábamos irremisiblemente perdidos, como la oveja de su parábola y al igual que el hijo prodigo.

      Cristo sabia de tu triste situación y de la mía, y decide aceptar voluntariamente el sacrificio cual cordero de Dios, para quitar (borrar) con su sangre,  mi pecado y el tuyo; y todo esto sabía Cristo de ti y de mí, y su firme decisión fue nuestro rescate de las consecuencias del pecado y de la muerte.  ¡Cuán diferente la decisión de Jesús, a la de Pilato!

      Hemos considerado la decisión de Pilato, que a todas luces fue en contra de la realidad de los hechos, contra su conciencia y débil voluntad.   La decisión de Cristo sin embargo fue firme, resuelta y conforme a su propósito y fin determinado: En distintas ocasiones anunció a sus discípulos; “que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mat.16:21)

      Por más de dos años había evitado prudentemente excitar la hostilidad de sus enemigos; pero no había por qué aplazar por más tiempo la colisión inevitable; El había acabado su obra de enseñar, como legado del Padre; su vida humilde llena de virtudes divinas, haciendo bien a todos, llegaba a su fin. Había manifestado el nombre de Dios a los hombres, había declarado el propósito de su venida y nos revela la escritura que, “como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, afirmo su rostro para ir a Jerusalén.” (Luc.9:51)

    ¡Bendita decisión la de Cristo! Ya en Jerusalén, a las puertas del trágico suceso declara: “Ahora esta turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.”(Jn.12:27)

      Llegada la noche en que había de ser entregado, parte con sus discípulos hacia el huerto de Getsemaní, aquí su alma llega a una agonía indescriptible: Toda su naturaleza humana se resiste abrumada por el enorme peso moral y espiritual que sobre él está recayendo, ya sus poros destilan sudor mezclado con sangre que cae hasta tierra; sus labios claman: “Padre mío, si es posible pase de mí este vaso, empero no se haga mi voluntad sino la tuya.” (Lc.22:42) Pero su decisión, es la voluntad del Padre en perfecta obediencia a los planes redentores de Dios.

      Queridos todos, fue su decisión tanto como su muerte lo que obró nuestra redención: La respuesta a la pregunta de Pilato, Cristo la sabia, era la cruz y Cristo fue a su encuentro con firme decisión, sabiendo que de ella dependía tu salvación y la mía.

      La inocencia del Señor Jesús declarada por Pilato, era base fundamental de la perfección de su sacrificio. “Santo, inocente, limpio, justo, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos.”(Hbr.7:26)

      Cristo Jesús, no solo fue crucificado, muerto y sepultado, sino que al tercer día resucitó, para justificar todo cuanto en la tierra hizo y dijo; y para justificar a todo aquel que en él cree. Su resurrección fue la garantía que necesitábamos para saber que Dios su Padre, aceptaba aquel sacrificio en lugar del nuestro.

      Ahora pues, todo aquel que en él cree, depositando toda su confianza y fe, aceptándole como a su substituto y como a su salvador personal; Cristo mediante su resurrección le justifica delante de Dios.

      Mi querido amigo, permíteme que te diga, que tu eres consciente también de todos los acontecimientos de la vida de nuestro Señor Jesucristo;  desde su nacimiento, su vida, su crucifixión, muerte, resurrección y ascensión a los cielos; todos y cada uno de estos acontecimientos te son conocidos y de alguna manera los conmemoras.

      El testimonio de la Historia de la humanidad y de cuantos escritos se han realizados en torno a la persona de Cristo, te han presentado su excelsa figura como un producto que no ha podido producir una raza caída como la nuestra; sino la obra misma de Dios por su Espíritu, manifestándonos bien a las claras, que no podemos alegar ignorancia alguna.

      Nuestro Señor Jesucristo, a través de su vida, sus obras y milagros, nos ha dejado bien patente que su procedencia es divina; sus propios contemporáneos dijeron de él;  este no podía hacer las cosas que realiza, si no fuera Dios con él. (Jn.3:2)

      Pero mi querido amigo y paciente lector, tu sabes que por el testimonio de un juez injusto como Pilato,  Cristo era inocente y justo; tú sabes que Cristo fue condenado por envidia y que si hoy estuviera entre nosotros, volvería a ser crucificado a causa de nuestro pecado y de tantos intereses creados como en el caso de Pilato; que él es el buen pastor que da su vida por las ovejas y que aquellos que oyen su voz y le siguen, él les da vida eterna: (Jn.1011-28) Vino a buscar y a salvas al hombre que estaba perdido a causa de sus pecados. (Mt.18:11) Sabes que en la cruz pidió a su Padre el perdón para los que le crucificaban; que el mismo Centurión, y los que estaban con él al pie de la cruz dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios. (Mt.27:54)

      De cuantos hechos ocurridos en su vida, pasión, muerte y resurrección, estas persuadido que son ciertos, que la misma Historia corrobora los hechos, mencionando lugares y fechas de todos los acontecimientos.  Amigo tú lo sabes y eres consciente, puesto que de cuando en cuando, piensas en su excelsa persona y en cuan injustos e indecisos somos con él, tú lo sabes; ¿te mostraras indiferente, lavándote las manos?

      Paciente lector; hemos estado considerando todo aquello que sabía Pilato de Jesús y de la deshonrosa y cobarde decisión de Pilato; así mismo hemos considerado todo y cuanto sabía el Señor Jesús de todos nosotros y su firme decisión de su entrega a favor nuestro; y que tú, como yo, somos conscientes de todo ello. Ten en cuenta que la pregunta de Pilato: ¿Qué, pues, haré de Jesús llamado el Cristo? no nos excluye de una respuesta: Esta pregunta amigo, exige más que una respuesta de labios, una decisión concreta del alma.

      Todos sabemos lo que deberíamos hacer; en lo que realmente nos diferencia, es en lo que hacemos o dejamos de hacer: ¿Hasta cuando defenderán los hombres el deshonor y el pecado, y crucificaran la pureza, la nobleza, la verdad y la justicia? ¿Hasta cuándo gritara el Mundo,( y cada uno de nosotros) suelta a Barrabas…..o sea, el dinero, los egoísmos, los placeres, las ganancias personales deshonestas, nuestros propios caminos y pensamientos, y ..  Crucificara a Cristo.?

      No se trata de recriminar o condenar la actitud, frente al Cristo de Dios de Pilato, tal como entonces; se trata de tu propia decisión. ¡Cuidado! Cual sea la tuya, no sea que condenando a Pilato, te condenes a ti mismo.

                                                                   V. Ibáñez                                      

Comentario a :                                                                                      vicenteibanezsaez@hotmail.com    

      Un himno dice así:   Oh, ¿qué vas hacer del Cristo?

                                                Te invita, oh pecador,

                                                Que dejes a sus plantas      

                                                Tu carga de dolor:

                                         La vida está en la pregunta

                                                 Y gozo en la eternidad;

                                         Pues, ¿qué vas a hacer del Cristo?

                                             Oh, ¿cómo contestarás?