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lunes, 7 de julio de 2014

MIRARAN AL QUE TRASPASARON


                                     MIRARÁN AL QUE TRASPASARON
                                                  Lectura: Juan. 19:17 al 37
                                                        Texto. Juan: 19:37
                                      Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron”
 
            La narración que el apóstol Juan hace de la Crucifixión de Cristo, está avalada no tan solo por lo que el “vio,” (Vrs.35) sino que se apresura a mostrarnos esta verdad ya revelada por los profetas en las Escrituras, muchos años antes de este acontecimiento; teniendo buen cuidado y por inspiración Divina, de colocar, junto al hecho sucedido, las palabras: “estas cosas fueron hechas para que se cumpliese las Escrituras” (Vers.24- 28- 36/37)
            Así pues, por lo que podemos apreciar del relato leído; es que hay en la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, hechos vaticinados por los profetas, que no podían ser por lo mismo, conocidos sino por Dios y preanunciados solamente por El en las Escrituras a través de los profetas.
            Estos hechos son narrados y se produjeron, para confirmar la veracidad de la Divinidad de Jesucristo: Siglos antes de que naciera la profecía y de que Cristo viniera en carne a este Mundo, hubo como una existencia prehistórica en la que se concertó, por determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, las condiciones de su vida futura; siendo posteriormente la profecía quien lo identifica como el Mesías ó Ungido de Dios, ya que esta; no es más que la previsión y el anuncio cierto y preciso de un hecho futuro, cuyo conocimiento no puede ser deducido de las cosas naturales.
            Si la profecía y los milagros han dado este relieve extraordinario a este Hombre-Dios colgado del madero de la cruz; es porque su crucifixión es la síntesis y el punto de partida de su obra redentora. Así dice el apóstol Pedro a los ciudadanos de Jerusalén que presenciaron la pasión y muerte de Cristo: “Jesús Nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él como vosotros mismos sabéis; a éste entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole…..a este Jesús a quién vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.  (Hch.2:22/23 y 36)
            Esta es la profunda y simple teología del Crucificado, en orden a cada uno de nosotros.  Mirad al crucificado, he aquí la obra de Dios a tu favor y al mío; así lo confiesa el apóstol Pedro diciendo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro hombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”(Hch.4:12)
            En la Historia Universal hay dos momentos culminantes para la Humanidad: -El Árbol del Paraíso (Edén) con el fruto de maldición que nos trajo la ruina, y el Árbol de la Cruz con el fruto de Dios, Cristo-Jesús, que reparo la catástrofe y ruina del primer Hombre-Adam en el huerto del Edén: Y por 20 siglos, las generaciones cristianas tienen sus ojos fijos en la Cruz de Cristo; eje y cifra de paz, para un Mundo que gime bajo el peso del pecado y de la culpa.
            I.-MIREMOS LA REALIDAD DEL POR QUÉ DE LA CRUCIFIXIÓN.
                Podemos decir que casi todos los profetas se han dado cita en el Calvario: La revelación del Antiguo Testamento cuenta con soberana maestría, la descripción de los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo y el motivo por el cual tenía que pasar por ellos.
            El profeta Isaías muestra la imagen del futuro redentor 700 años antes de su muerte en Cruz; denunciando que sería: “despreciado desechado, entre los hombres, varón de dolores experimentado en quebranto… (Isa.53:3) ¿Que es lo que ve a tantos siglos de distancia?  No una figura regia y soberana vestida de majestad adorada por los pueblos y naciones de la tierra; no, antes ve un varón de dolores sin hermosura, sin apariencia, desechado, desatendido de todos, herido y señalado por la mano de Dios y abatido hasta el polvo.
            Pero completa su revelación descifrando ya el enigma de la redención y su crucifixión diciendo: “ciertamente llevó El nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, - fue herido por nuestras rebeliones, -dice: molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra Paz, fue sobre él y por su llaga (herida) fuimos curados”. Isa.53:4/5 
            He aquí la realidad del porque de su crucifixión. - ¡Si! Jesús es el redentor, - la causa de verse tan envilecido no fueron sus culpas, sino el haber él llevado nuestras enfermedades, nuestras iniquidades, nuestro pecado. “Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.”
            Después de la visión del profeta y el haber transcurrido los siglos, acercándose el momento en que se ha de cumplir el vaticinio profético, llega por fin el hombre preanunciado, Jesucristo, y verifica él mismo, lo que las profecías dijeron. “He aquí dijo a sus discípulos: subimos a Jerusalén y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del hijo del hombre, porque será entregado a las gentes y será  escarnecido é injuriado, escupido y después que le hubieren azotado, le matarán: más al tercer día resucitará” (Luc.18:31/33)
            Lo que dijo Jesús, conforme lo predicho por los profetas, se verifica luego y se consuma en la Cruz del Calvario, con incontables dolores y tormentos. Después los apóstoles anuncian este sacrificio a todo el Mundo diciendo: “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Ro.5:8) La predicación del apóstol Pablo era esta: “Cristo fue muerto por nuestros pecados, conforme a las Escrituras.” (1ª.Cor.15:3) “Cristo fue propuesto por Dios, en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia los pecados pasados.” (Ro.3:25) “Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, más para aquel que murió y resucitó por ellos.”(2ª.Cor.5:15)
            El apóstol Pedro predico: “Cristo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero de la Cruz, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia, por la herida del cual habéis sido sanados.”(1ª.Pdr.2:24)  Juan el apóstol predicaba lo mismo: “El Cristo es la propiciación por nuestros pecados y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1ª.Jn.2:2)
            De esta manera forman perfecta armonía como tres voces unísonas; es decir: El vaticinio de los profetas. La revelación del propio Señor Jesucristo y la predicación y doctrina de los apóstoles; que como poderoso acorde, sigue resonando hoy día por la predicación de su iglesia. Hemos visto la realidad del porqué de su Crucifixión.
            II.- OBSERVEMOS AHORA LA REALIDAD DE LA MIRADA DE  
                    LOS QUE CONTEMPLABAN LA CRUCIFIXIÓN.
                En el evangelio de San Lucas, 23:35, leemos: “Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo:
A otros salvó; sálvese a sí mismo si éste es el Cristo, el escogido de Dios.”
            La comitiva de los ajusticiados había despertado gran interés
En el pueblo, porque aquel que en un Domingo entró triunfante sobre un pollino en la ciudad de Jerusalén, había sido condenado por aquella misma muchedumbre que antes le aclamó. Amigos, existen siempre esa masa humana que se deja llevar de acá para allá, que un día aclaman a unos y otro día aplauden a otros; que hoy dice reverenciar a Cristo y mañana sin duda se postraran ante al anticristo.
En Jerusalén, hubo esa clase de gente el día que había de decidirse la suerte de Cristo; era esa gente que gusta seguir el pensamiento de otros, sin molestarse en pensar por sí mismos.
            Los judíos., como los religiosos de hoy día, eran religiosos por tradición más que por naturaleza ó convicción, y cualquier cuestión religiosa la dejaban en manos de los sacerdotes y doctores de la ley; estos lo sabían y dirigían a su antojo a las masas y estas ponían en manos de ellos sus destinos y cuestiones espirituales; si decían que Cristo había de ser crucificado; ellos clamaban ante Pilato, Crucifícale.
            Paciente lector; me temo que todavía existen en nuestros días muchas personas semejantes; que van a donde otros les llevan o a donde van otros sin pararse a reflexionar por sí mismos, que miran a la Cruz porque sus padres miraron, no porque se sientan llamados a identificarse con el crucificado: Es la mirada superficial e indiferente en el aspecto espiritual la que dirigen a Cristo.
            En Lucas, 23:39, leemos: “Y uno de los malhechores que estaba colgado, le injuriaba, diciendo: si tu eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.”  El malhechor que estaba en la misma condenación injuriaba al Señor; había vivido por tiempo en la impiedad: Es un cuadro fiel del hombre natural, descrito por el apóstol en Ro.3:14, “su boca está llena de maldición y de amargura, quebrantamiento y desventura hay en sus caminos, no conocieron camino de paz, no hay temor de Dios delante de sus ojos.”
            Sin duda que también el malhechor tiene sus seguidores e imitadores; son aquellos que no pueden avenirse y conformarse en manera alguna, con sus penas a que está sujeta la vida de pecado del hombre. Aquellos que con el sufrir no saben acercarse a Dios como su Salvador, y en vez de mejorar y hacerse más compasivos y considerados con ellos mismos y con el prójimo; se hacen por el contrario más amargos y agresivos  contra Dios y los hombres, volviéndose impíos y blasfemos.
            ¿Cuántas veces hemos tenido que oír expresiones tan mal sonantes como las de este malhechor colgado en la cruz? - ¡Si es que Dios existe, si es cierto que hay Dios en los cielos! ¿Por qué permite esto, o lo otro, porque no interviene?  Así preguntan aquellos que tan solo quieren de Dios un auxilio inmediato y externo, que solo apetecen ventajas temporales, ganancias terrenales y no ven que la causa de tanta calamidad, miseria, odios raciales y guerras, son hijas de la ambición, de la injusticia, del orgullo, del egoísmo y del pecado de los hombres.
            Nos dice Lucas, 23:40/42, que: “respondiendo el otro malhechor, le reprendió diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”  Eh aquí el hombre cuya mirada al crucificado le llevó al reconocimiento y confesión de su condición de malhechor y por supuesto de pecador; fue una mirada sincera, llena de esperanza.
            También este malhechor, tiene sus seguidores o imitadores, pocos cierto, pero los hay: Hombres y mujeres que reconocen su condición y se identifican con la muerte del Salvador, confesándole lo que son y han hecho, es decir, sus pecados: Y tú mi paciente lector puedes ser uno de ellos; Entre tanta multitud uno miró con sinceridad y fe, no pidiendo beneficios para ahora, no beneficios materiales, no pidió un auxilio inmediato y externo, no apetece ventajas temporales, sino que su petición es trascendental; es para cuando vinieres á tú reino.”  La respuesta del Señor Jesús fue: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”   El poeta escribió así: Oigo a los necios decir: No pudo, salvando a otros, salvarse así, y exclamo Cristo yo te saludo, porque en tu muerte, vida no dudo hay para mí”
            III.-  NUESTRA MIRADA HOY
                Querido amigo, como es hoy nuestra mirada al crucificado. ¿Será como la de aquel pueblo indiferente, que no piensa por sí mismo, dejando que otros decidan,  lo que tan solo te afecta a ti personalmente?  “Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían goleándose el pecho” (Luc.23:48)
            ¿Serás capaz de impresionarte, hasta el punto de volverte como ellos lo hicieron, golpeándose sus pechos, pero que pasada esa impresión y en vísperas de la fiesta de la pascua que se avecinaba, se olvidad que son pecadores necesitados de la salvación que Dios ofrece por medio del sacrificio de Cristo en la Cruz? Acuérdate, él llevó nuestros pecados, nuestras iniquidades, fue herido por nuestras rebeliones y el castigo que merecieron nuestros hechos y olvidos, fue sobre él, para que también por su herida pudiéramos ser sanados.
            No cabe duda que esta escena de la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo, nos invita a la reflexión. Pronto se celebrará la Pascua y nuestras impresiones tal vez desaparezcan con la fiesta; suele ocurrir esto siempre, pero no olvides, que la Cruz que salvo a uno, esa misma cruz condeno a otro.
            ¿Vamos a ser como ese malhechor injuriador, añadiendo más pecado sobre la carga ya pesada de nuestra culpa e iniquidad, buscando tan solo los beneficios temporales, sin reconocer nuestra precaria condición de pecadores no arrepentidos?  ¡Oh tal vez vamos a ser sinceros por lo menos una vez, y ante su palabra Divina y ante su Cruz le reconozcamos como Rey y Señor de nuestra vida, solicitando de él un recuerdo, un sitio en su reino!
            Hemos estando reflexionando sobre la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y como los profetas, por las Escrituras profetizaban anunciando este hecho histórico tan trascendental para cada uno de nosotros y por supuesto para todo aquel que en él cree. El apóstol Juan dice, que en aquellos momentos se cumplía una de las profecías pronunciadas por el profeta Zacarías, en su libro cap. 12:10 que dice así: mirarán a mí, a quien traspasaron”
La lanza del soldado romano fue el punto culminante del cumplimiento de esta verdad; verdad que trasciende en el tiempo, porque la profecía de Zacarías dice así: “Y derramaré sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. Y tendrá su cumplimiento definitivo cuando aparezca en su segunda venida, porque el ojo despierto del profeta, está captando una visión futura; (después de la realidad de la crucifixión de Cristo y su traspasamiento) de la próxima victoria del reino de Dios en la tierra, en conexión con el retorno del Mesías; entonces todo Israel será salvo. (Ro.11:26)
A así como los antiguas Israelitas, (Num.21:9)  miraban a la serpiente de bronce en el desierto, -figura de la Cruz- y quedaban curados de las mordeduras de las serpientes; así también mirarán en su segunda venida y serán salvos. Esta es la verdad profetizada y esta corroborada en el momento de la ascensión o traspasamiento de Cristo al cielo, por aquellos varones con vestiduras blancas, que dijeron a sus discípulos: Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”  Y también está apoyada por el apóstol Juan en Apc.1:7  “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.”
Que estas simples reflexiones puedan ayudarte a comprender la obra de redención que el Señor Jesús llevó a cabo, y la aceptes como único media de salvación; porque: en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Ro.4:12)
                                                                       V. Ibáñez
Comentarios a  vicenteibanezsaez@hotmail.com.
 
       
             

 

 

                                                  

                               

                                  

sábado, 5 de abril de 2014

¿QUE, PUES, HARÉ CON JESÚS, LLAMADO EL CRISTO?

¿QUE, PUES, HARÉ CON JESÚS, LLAMADO EL CRISTO?

                            Lectura Mateo 27: 1 al 26

                                   Texto. Mateo 27:22

      Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?          
                         

      La lectura de este capítulo, presenta los acontecimientos transcendentales del juicio de nuestro Señor Jesucristo.                       

      Poncio Pilato, el gobernador romano, había sido sorprendido por la mañana temprano, por la visita de los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, que traían maniatado a Jesús.

      El evangelista Juan relata como éste, salió del pretorio porque los principales de los sacerdotes no querían entrar para no contaminarse y les preguntó: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? respondieron, que era malhechor; mandoles pues, lo tomasen y que le juzgasen ellos conforme a su ley; la contestación fue “a nosotros no nos es licito matar a nadie.” (Jn.18:31)  Así supo Pilato que la acusación contra Jesús, era grave y que ellos ya lo habían juzgado de antemano, pronunciando su sentencia de muerte.

      Desde ese momento traba conversación a solas con Jesús, y el resultado es que no hallo causa alguna de crimen. Por tres veces nos dice la escritura, que proclamó la inocencia de Jesús; pero como los principales de los judíos porfiaban él, intentó eludir toda responsabilidad y al saber que Jesús era Galileo, lo envío a Herodes, pero este sin hallar ningún crimen, lo remitió a Pilato.

      Por las conversaciones con los que acusaban a Jesús, supo que por envidia lo habían entregado; entonces les propuso de acuerdo con sus costumbre de soltar a un preso famoso en la fiesta de la pascua, con tal de distraer la atención que habían fijado en Cristo, pero fue en vano su intento.

      Sentado ya en la silla tribunal, su esposa le envío aviso diciéndole, que no tuviera nada que ver con aquel justo, pues había padecido mucho aquella noche en sueños por causa de él. Este momento fue aprovechado por los acusadores de Jesús, para mezclarse con la muchedumbre y persuadirla a que soltasen a Barrabás, y a Jesús crucificasen.

      ¿Qué, pues, haré con Jesús, llamado el Cristo?     

      He aquí una pregunta, que más parece un descargo a su gran responsabilidad. Sobradamente sabía lo que debía hacer si seguía los principios de la justicia; pero por otra parte se sintió que estaba atado por la impopularidad en que incurrió por su mala conducta en su gobierno.  

      Pilato habíase hecho muy odioso a los judíos ofendiendo y menospreciando sus más profundos sentimientos nacionales y religiosos; pues según mencionan los historiadores: Cambio su ejército de Cesárea a Jerusalén para invernar allí e hizo meter en la noche unos estandartes que traían bustos de Cesar; esto era contrario a la Ley religiosa de los judíos.

      Multitud del pueblo, estuvieron por espacio de cinco días rogando incesantemente que estas imágenes fuesen quitadas de Jerusalén. Al sexto día Pilato introdujo soldados haciendo que matasen atrozmente a muchos de la multitud que protestaban por aquella transgresión de la Ley.

      También uso el tesoro del Templo para construir un acueducto; el pueblo se reunió en rededor de su tribunal, denunciando el hecho, pero otra vez mezclo soldados que apalearon bárbaramente a muchos mientras otros eran atropellados mortalmente.

      Según leemos en el evangelio de San Lucas. 13:1, el mismo Señor Jesús, habla sobre el hecho, cuando Pilato mató a ciertos galileos mientras ofrecían sacrificios en el Templo, de modo que su sangre se mezcló con la sangre de sus sacrificios; lo cual era para los Judíos una combinación horrible de crueldad y profanación.

      También se habla de los asesinatos que cometió sin previo juicio. Lo cierto es que Pilato se vio aprisionado por sus propios actos malos. En esto vemos mi querido lector, como un pecado trae muchas veces como consecuencia, la necesidad evidente de cometer otro pecado; por supuesto Pilato tenía ya su convicción formada, sabía lo que debía hacer, sabía de sobra que uno de los caminos era el verdadero, pero rehusó seguirlo conscientemente; inmolo la justicia a sabiendas y pisoteo lo más sagrado de la conciencia, tenía su convencimiento con respecto al Cristo; no obstante pisoteo la justicia y sus propias convicciones.

      Pilato era consciente y sabia de Jesús, que los principales de los sacerdotes y los ancianos, no podían apresar a Jesús sin su autorización como gobernador que era: Que el juicio de Cristo, celebrado por los judíos era ilegal, puesto que según las leyes de ellos, no permitía a ninguno miembro del Sanedrín reunirse de noche, y ellos prendieron y juzgaron a Jesús por la noche. Pilato mismo se había percatado, que por envidia lo habían entregado; que era inocente, tanto él como Herodes, no hallaron culpa alguna de muerte; su propia esposa le llamo justo y él mismo lo proclama ante la multitud, en el acto de lavarse las manos.(Mat.27:24)

      Lo entregó en contra de las leyes de Roma; lo entregó por miedo. (Jn.19:8) ¡Y aun pregunta ¡ ¿Qué, pues, haré, con Jesús llamado el Cristo? Sea crucificado grito la muchedumbre y acepto la respuesta y ordeno la crucifixión.

      ¡Si al menos hubiera sido noble cargando con su responsabilidad,! pero no, quiso lavarse las manos ante el pueblo. ¡Que ridículo e infeliz, lavarse las manos!  Para qué, si no podía lavar de su alma y su conciencia tan terrible pecado de rechazamiento.

      Amigo y paciente lector, el que es verdaderamente responsable de alguna decisión, no puede trasladar la responsabilidad a otros, aunque estos voluntariamente la acepten, (Mt.27:25) cada cual pagara por su pecado.

      Con todo esto, nadie era más consciente de lo que se avecinaba que el mismo Señor Jesús: La crucifixión era la meta de su carrera terrenal, el objeto mismo de su encarnación; y Cristo lo sabía, porque él vino a poner su vida en propiciación por nuestros pecados. En Mateo 20:28 Cristo dijo: El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” Días antes de su prendimiento dijo: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; más si muere mucho fruto lleva”(Jn.12:24)

      Era necesaria la redención, por cuanto todos los hombres habíamos pecado y estábamos destituidos de la gloria de Dios. (Rom.3:23)  Cristo sabía que no había ni siquiera un justo que buscase a Dios y por consiguiente estábamos muertos en nuestros delitos y pecados.

      El sabía que tu propia incredulidad y la mía, nos había alejado de los caminos de Dios, prefiriendo nuestros propios caminos y siguiendo las inclinaciones de un corazón influenciado por el pecado; que nada podíamos ofrecer a Dios, ni a su justicia; porque todo lo nuestro está manchado por el pecado, que éramos unos inútiles; porque ni por nuestras propias obras, ni por la ley podíamos ser justificados ante Dios su Padre; que estábamos irremisiblemente perdidos, como la oveja de su parábola y al igual que el hijo prodigo.

      Cristo sabia de tu triste situación y de la mía, y decide aceptar voluntariamente el sacrificio cual cordero de Dios, para quitar (borrar) con su sangre,  mi pecado y el tuyo; y todo esto sabía Cristo de ti y de mí, y su firme decisión fue nuestro rescate de las consecuencias del pecado y de la muerte.  ¡Cuán diferente la decisión de Jesús, a la de Pilato!

      Hemos considerado la decisión de Pilato, que a todas luces fue en contra de la realidad de los hechos, contra su conciencia y débil voluntad.   La decisión de Cristo sin embargo fue firme, resuelta y conforme a su propósito y fin determinado: En distintas ocasiones anunció a sus discípulos; “que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mat.16:21)

      Por más de dos años había evitado prudentemente excitar la hostilidad de sus enemigos; pero no había por qué aplazar por más tiempo la colisión inevitable; El había acabado su obra de enseñar, como legado del Padre; su vida humilde llena de virtudes divinas, haciendo bien a todos, llegaba a su fin. Había manifestado el nombre de Dios a los hombres, había declarado el propósito de su venida y nos revela la escritura que, “como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, afirmo su rostro para ir a Jerusalén.” (Luc.9:51)

    ¡Bendita decisión la de Cristo! Ya en Jerusalén, a las puertas del trágico suceso declara: “Ahora esta turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.”(Jn.12:27)

      Llegada la noche en que había de ser entregado, parte con sus discípulos hacia el huerto de Getsemaní, aquí su alma llega a una agonía indescriptible: Toda su naturaleza humana se resiste abrumada por el enorme peso moral y espiritual que sobre él está recayendo, ya sus poros destilan sudor mezclado con sangre que cae hasta tierra; sus labios claman: “Padre mío, si es posible pase de mí este vaso, empero no se haga mi voluntad sino la tuya.” (Lc.22:42) Pero su decisión, es la voluntad del Padre en perfecta obediencia a los planes redentores de Dios.

      Queridos todos, fue su decisión tanto como su muerte lo que obró nuestra redención: La respuesta a la pregunta de Pilato, Cristo la sabia, era la cruz y Cristo fue a su encuentro con firme decisión, sabiendo que de ella dependía tu salvación y la mía.

      La inocencia del Señor Jesús declarada por Pilato, era base fundamental de la perfección de su sacrificio. “Santo, inocente, limpio, justo, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos.”(Hbr.7:26)

      Cristo Jesús, no solo fue crucificado, muerto y sepultado, sino que al tercer día resucitó, para justificar todo cuanto en la tierra hizo y dijo; y para justificar a todo aquel que en él cree. Su resurrección fue la garantía que necesitábamos para saber que Dios su Padre, aceptaba aquel sacrificio en lugar del nuestro.

      Ahora pues, todo aquel que en él cree, depositando toda su confianza y fe, aceptándole como a su substituto y como a su salvador personal; Cristo mediante su resurrección le justifica delante de Dios.

      Mi querido amigo, permíteme que te diga, que tu eres consciente también de todos los acontecimientos de la vida de nuestro Señor Jesucristo;  desde su nacimiento, su vida, su crucifixión, muerte, resurrección y ascensión a los cielos; todos y cada uno de estos acontecimientos te son conocidos y de alguna manera los conmemoras.

      El testimonio de la Historia de la humanidad y de cuantos escritos se han realizados en torno a la persona de Cristo, te han presentado su excelsa figura como un producto que no ha podido producir una raza caída como la nuestra; sino la obra misma de Dios por su Espíritu, manifestándonos bien a las claras, que no podemos alegar ignorancia alguna.

      Nuestro Señor Jesucristo, a través de su vida, sus obras y milagros, nos ha dejado bien patente que su procedencia es divina; sus propios contemporáneos dijeron de él;  este no podía hacer las cosas que realiza, si no fuera Dios con él. (Jn.3:2)

      Pero mi querido amigo y paciente lector, tu sabes que por el testimonio de un juez injusto como Pilato,  Cristo era inocente y justo; tú sabes que Cristo fue condenado por envidia y que si hoy estuviera entre nosotros, volvería a ser crucificado a causa de nuestro pecado y de tantos intereses creados como en el caso de Pilato; que él es el buen pastor que da su vida por las ovejas y que aquellos que oyen su voz y le siguen, él les da vida eterna: (Jn.1011-28) Vino a buscar y a salvas al hombre que estaba perdido a causa de sus pecados. (Mt.18:11) Sabes que en la cruz pidió a su Padre el perdón para los que le crucificaban; que el mismo Centurión, y los que estaban con él al pie de la cruz dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios. (Mt.27:54)

      De cuantos hechos ocurridos en su vida, pasión, muerte y resurrección, estas persuadido que son ciertos, que la misma Historia corrobora los hechos, mencionando lugares y fechas de todos los acontecimientos.  Amigo tú lo sabes y eres consciente, puesto que de cuando en cuando, piensas en su excelsa persona y en cuan injustos e indecisos somos con él, tú lo sabes; ¿te mostraras indiferente, lavándote las manos?

      Paciente lector; hemos estado considerando todo aquello que sabía Pilato de Jesús y de la deshonrosa y cobarde decisión de Pilato; así mismo hemos considerado todo y cuanto sabía el Señor Jesús de todos nosotros y su firme decisión de su entrega a favor nuestro; y que tú, como yo, somos conscientes de todo ello. Ten en cuenta que la pregunta de Pilato: ¿Qué, pues, haré de Jesús llamado el Cristo? no nos excluye de una respuesta: Esta pregunta amigo, exige más que una respuesta de labios, una decisión concreta del alma.

      Todos sabemos lo que deberíamos hacer; en lo que realmente nos diferencia, es en lo que hacemos o dejamos de hacer: ¿Hasta cuando defenderán los hombres el deshonor y el pecado, y crucificaran la pureza, la nobleza, la verdad y la justicia? ¿Hasta cuándo gritara el Mundo,( y cada uno de nosotros) suelta a Barrabas…..o sea, el dinero, los egoísmos, los placeres, las ganancias personales deshonestas, nuestros propios caminos y pensamientos, y ..  Crucificara a Cristo.?

      No se trata de recriminar o condenar la actitud, frente al Cristo de Dios de Pilato, tal como entonces; se trata de tu propia decisión. ¡Cuidado! Cual sea la tuya, no sea que condenando a Pilato, te condenes a ti mismo.

                                                                   V. Ibáñez                                      

Comentario a :                                                                                      vicenteibanezsaez@hotmail.com    

      Un himno dice así:   Oh, ¿qué vas hacer del Cristo?

                                                Te invita, oh pecador,

                                                Que dejes a sus plantas      

                                                Tu carga de dolor:

                                         La vida está en la pregunta

                                                 Y gozo en la eternidad;

                                         Pues, ¿qué vas a hacer del Cristo?

                                             Oh, ¿cómo contestarás?                                       

 

                 

 

       

     

 

  

 

martes, 14 de enero de 2014

NUESTRA UNIÓN CON CRISTO


Lectura Juan 17:19/23
Texto:  Juan 17:21
       Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste  
     

      Los versículos leídos, de todos es sabido, corresponden a una parte de esa oración que Nuestro Señor Jesucristo elevo al Padre; y en ella nos descubre las interioridades de su corazón a favor nuestro.

      El propósito de esta lectura, no es otro que resaltar esta gran verdad de la unión del creyente con Cristo.

      Ni que decir tiene, que esta oración sale del alma de Cristo como algo que lleva grabado en su corazón como propósito de Dios, y que trató de enseñar a sus discípulos; más preocupados en ser ensalzados unos sobre otros queriendo evitar la Cruz y mal entendiendo su misión y sus palabras.

      Leer el capítulo 14 de Juan, y hallareis el esfuerzo del Señor Jesús para darles a conocer esta verdad: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. Jn.14:20

      Y fue   aquel día”  el de Pentecostés, que estos mismos discípulos pudieron conocer revelado en lo intimo de su ser, que Cristo era “uno” con ellos en su propia vida interior. Desde entonces, podemos decir que Cristo Jesús esta en el creyente y a la vez el creyente en El.

     

         I.-  NUESTRA UNIÓN CON CRISTO

      Esta unión no es nuestra, no de nosotros; es una verdad revelada, un inexplicable misterio de todo un Dios que quiere y mora en el creyente por muy “niño en la fe” que sea.

      Somos protagonistas de una verdad efectuada en nosotros, por el propósito de Dios e interés y voluntad de Cristo. “que también ellos sean uno en nosotros”.

      En 1ª. Co. 3:16, el apóstol Pablo nos revela lo que debemos saber a cerca de esta unión, ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?  El apóstol Pedro en su 2ª. Carta 1:4, nos dice: “somos participantes de la naturaleza divina”

      Hermanos, estamos manejando conceptos divinos que son realidades gloriosas manifestadas en su Gracia en  favor de nosotros. Somos templo de Dios y morada del Espíritu Santo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  ¿Estaremos viviendo ignorantes o inconscientes de esta verdad y privilegio que tenemos? Dios morando en nosotros, nos dice el apóstol Pablo. Pregunto: ¿somos nosotros los que estamos con El, ó es El que está en nosotros? Y si esto es así,  ¿no sería conveniente que revisáramos nuestras vidas para saber quién se aleja de quién?

 

      II. – EL CARÁCTER QUE IMPRIME ESTA UNIÓN

        Cuando más plenamente los creyentes sepamos vivir y valorar en nosotros esta bendita unión, más claramente entenderemos y apreciaremos por el mismo Espíritu, este gran misterio y el carácter que imprime ó debe imprimir en nuestras vidas esta gloriosa unión, como poseedores de ese tesoro que es Dios morando en nosotros y darnos la potestad de ser hechos hijos de Dios.  De modo y manera, que lo que estamos descubriendo en las escrituras, no es una novedad, sino una realidad de lo que ya ha sido efectuado en nosotros. No se trata de opiniones ni de meros sentimientos ó emociones por muy fuertes que estos sean; no se trata de algo que se debe sentir, sino de algo que somos y por consiguientes debemos manifestar.

      Somos hechos hijos de Dios somos engendrados y nacidos del Espíritu Santo, somos hechos participes de la naturaleza Divina, participantes de la vocación celestial: El carácter de Dios es santo y por lo tanto, así debe ser todos los que somos “uno” en El; es el mismo Señor Jesucristo el que nos revela que esta “unión” (comunión) tiene su principio en la Santificación. Jn.17:19

 

      III.-  LA PRUEBA O MANIFESTACIÓN DE ESTA UNIÓN

        Por lo que se desprende de lo considerado hasta ahora, el creyente por obra gracia y espíritu de Dios, ha adquirido una nueva identidad y carácter que se ha de manifestar en su andar, comportar, y hablar en este Mundo.

      La Palabra de Dios revelada, nos descubre y pone ente nosotros ejemplos a seguir, para probar ó manifestar de alguna manera el carácter e identidad que hemos adquirido al haberle recibido.

      En Lucas 6:45, el Señor Jesús establece un principio, (real como la vida misma) “porque de la abundancia del corazón habla la boca” y este principio fue el que El mismo constantemente manifestó, veamos : “las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí”…Jn.14:10 “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió” Jn.7:16 “nada hago por mí mismo, sino que según me enseño el Padre, así hablo”Jn.5:19-30

      Eh aquí la prueba ó la manifestación que el Señor nos dio, por la que su unidad con el Padre podía ser reconocida. Exactamente como el árbol, que por su fruto se puede reconocer.

      Y mis queridos hermanos y amigos, no habrá en nosotros prueba o manifestación de esta unión con Cristo, a menos que tengamos los mismos gustos, mismo hablar y obrar, mismo pensar, mismos propósito y mismos ideales; (Oh!, ¿acaso no tenemos la mente de Cristo?) ¿No nos dice el apóstol que  “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”? Efe.2:10

      Juan el evangelista en su primera Epístola, está manifestando este mismo principio y nos dice: “lo que hemos oído, lo que hemos visto, lo que hemos contemplado y nuestras manos han palpado; eso os anunciamos 1ª.Jn.1:1-3 y 5, este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos”.

      Juan está empleando los mismos términos que Cristo empleo, como prueba de la unión y comunión con Cristo; comunicándonos sus mismas palabras y mandamientos, y nos recuerda de alguna manera, la misma actitud en enseñanza de Cristo, diciéndonos: “en esto sabemos que le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos.”1ª.Jn.2:3“El que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él.” 1ª.Jn.3:22-24

      Con respecto a esto, Nuestro Señor Jesucristo nos decía: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” Jn.14:15, “Si guardaréis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos, de mi Padre, y permanezco en su amor.” Jn.15:10

 

      IV. -  NUESTRA ACTITUD RESPONSABLE

        Hemos estando considerando el carácter que imprime en el creyente esta unión con Cristo y la  prueba ó manifestación,  que caracteriza esta unión ó comunión.

       Ahora el apóstol Juan, en su 1ª. Epístola 2:4 y 6, nos está exhortando a una disposición de ánimo responsable, con el objeto de cómo manifestar esta unión. “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él.” “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” Y en el versículo 7 dice: “que no nos escribió mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio;” y al que sea hecho referencia.

      Bien, lo primero que debemos tener en cuenta aquí, es que no se trata de una actitud que Dios toma por nosotros, sino todo lo contrario.El que dice…. debe tomar esta actitud como el carácter real y verdadero de un creyente que quiere manifestar la vivencia de Cristo en su corazón, por cuanto es templo de Dios en espíritu.

      El que dice que está en El, debe andar.” Es una actitud por la cual el creyente, que dice,  está obligado a manifestar, no por ley natural, sino por ley divina; como también en Hbr.12:13/14, ·haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino”….”Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie vera al Señor.”  El apóstol Juan, ha puesto delante de nosotros las señas de la identidad é identificación con Cristo, y apela a la realidad de unos frutos visibles y vitales, que han de ser la manifestación de CARÁCTER  o modo de SER de todo creyente.

      No valen aquí, los sentimientos ó emociones que siempre son íntimos y subjetivos; sino todo lo contrario, aquí se apela a la actitud que debe tomar el creyente, puesto que se trata como consecuencia de haberle conocido: “de guardar,” “de estar,” “de hacer,” “de agradar,” “de andar” y “testificar;”  como prueba evidente de nuestra verdadera identidad divina.

      Mis queridos hermanos, hemos estando considerando conceptos divinos revelados a nosotros los creyentes, que por nuestro nacer de nuevo en santificación del Espíritu, hemos adquirido una nueva dignidad de SER hechos hijos de Dios y participantes de la naturaleza divina, según el puro afecto de su voluntad.

      Hemos visto en las palabras de nuestro Señor Jesucristo, como nos revela la prueba evidente de su unión con el Padre cuando leíamos: “Yo lo que a él agrada hago siempre” y “las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo”

      Se ha estado considerando, como esos mismos principios revelados por Cristo, fueron los de los apóstoles según, 1ª.Jn.1:1, y que estos mismos principios han de ser los nuestros también, como prueba evidente de nuestra unión con Cristo.

      Quiera el Señor, que estas verdades reveladas a nosotros, sirvan para concienciarnos del tamaño privilegio que tenemos y podamos experimentar, con verdadera vivencia y convicción, que somos morada de Dios en Espíritu; y que no hemos de esperar a que él venga a nosotros, sino a realizar en nuestra vida la gran verdad, de ser morada y experimentar con verdadera realidad la gran verdad de: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Ma. 28:20

 

      V. – EL PROPÓSITO POR EL CUAL ORÓ CRISTO

        “Para que el mundo crea que tú me enviaste. “

        Es el mismo Señor Jesucristo que oraba, “por los que habían de creer en El, por la palabra nuestra” y relaciona o condiciona, la manifestación de nuestra unión y comunión con él; con el objeto y propósito divino, de que el mundo crea en él y por él sea salvo.

      Y en la proporción que el Espíritu Santo penetre y llene, (aun más si cabe) el corazón de cada uno de nosotros y manifestemos la vida que hay escondida en nosotros; sin duda alguna, que esto tendrá un efecto en las gentes del mundo más que muchas predicaciones. ¿Oh no es esto lo que quiso decir el apóstol Pablo: ?  “Vosotros sois epístolas leídas para las gentes.2ª.Cor. 3:2/3  ¡No era esto mismo lo que las gentes decían y conocían de los apóstoles cuando expresaban que les “reconocían que habían estado con Jesús.! Hch.4:13

      Y el resultado de esta unión y comunión no ha de ser otro que este, Para que el mundo crea que Dios ha enviado a su Hijo a fin de que el mundo sea salvo por El.” El objeto principal de la encarnación del Verbo Divino, no es otro que el obrar la redención del hombre, y esta se realizó en la cruz del Calvario; y nuestra responsabilidad, actitud y mandato es el anunciar las virtudes de aquel que nos llamo;” 1ª.Pd.2:9  Pronunciando sus palabras, anunciando su doctrina, su pensar y su propósito eternal de gloria para el hombre: Guardando amando y haciendo que amen y guarden sus mandamientos a fin de que los hombres nos tengan por ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios.” 1ª.Co.4:1/2 –Lectura en Efesios, 3:16/21

                                                                                        V. Ibáñez

vicenteibanezsaes@hotmail.com.