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viernes, 25 de enero de 2013

La obediencia a la fe


                                        LA OBEDIENCIA  A  LA FE

                                                      Romanos. 1:5

      Lectura: “ y  por quien ( Jesucristo ) recibimos la gracia y el apostolado , para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;

      Podemos afirmar sin temor alguno, que el gran tema del Apóstol San Pablo en esta Epístola es la fe; tanto en su aspecto objetivo como subjetivo, siendo el punto culminante del Apóstol, ” La justificación por le fe, recordando el texto en el libro de Habacuc, Cap.2:4, El justo por su fe vivirá.”

      Pero debemos enfatizar este otro aspecto que el apóstol remarca sobre  la “ obediencia a la fe,” puesto que con esta idea comienza esta epístola, escrita a los cristianos de Roma, exponiéndoles con toda suerte de detalles, las cosas maravillosas que Dios ha hecho para que todos los Gentiles obedezcan a la fe.

      Oigámosle en el cap. 1:5 “ por quien (Jesucristo) recibimos la gracia y el apostolado para (promover) la obediencia (que nace de) la fe.”

      Leamos en el cap. 15:18 “ Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo  ha hecho por media de mí para (promover) la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras.”

      Fijémonos en su último cap. 16:26 “ ha sido manifestado ahora (el misterio oculto) y por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe.“
 
      En las tres referencias leídas, el apóstol nos declara haber recibido por Jesucristo, no solamente la dignidad de su apostolado, sino también y ante todo, la gracia que ha sido el origen de su ministerio; pues debemos tener bien en cuenta que la Gracia es común a todo creyente, mientras que el apostolado no.
      El objeto de su misión o ministerio es el anunciar o promover, entre los gentiles la obediencia a la fe. Efectivamente la obediencia a la Palabra de Dios la obediencia al Evangelio, es en nuestro texto, la obediencia a la fe, y no hay, nunca puede haber, otra obediencia que sea aceptable a Dios, como no sea ese acto de sumisión a Dios que nace de la fe.
      Esto es lo que el apóstol nos quiere enseñar, que nuestra obediencia a su Palabra, nazca de la fe, que la origine, que la inspire, en una palabra que la promueva, Pues sin fe es imposible agradar a Dios,” (Hb.11:6) y por consiguiente sin fe, es imposible obedecer. La obediencia tiene que ser de la fe, no puede haber obediencia antes de la fe.

      La fe es el lazo indispensable de unión con Cristo Jesús y la obediencia el fruto de la misma; no podemos dar fruto sin ser ramas y no podemos ser ramas sino estamos en la vid divina Cristo; esto enseña el Señor Jesús, en San Juan 15:4/5.
      Concluiré diciendo que la fe y la obediencia, si bien son distintas, son completamente inseparables: Por la fe reconocemos a nuestro Señor Jesucristo como a nuestro salvador y Señor; por la obediencia nos gobernamos, regimos y servimos de conformidad con sus mandamientos; la fe nos hace hijos de Dios, (Gal.3:26) la obediencia pone de manifiesto que somos discípulos de Cristo.
 
      I.-  SIN FE ES IMPOSIBLE OBEDECER Y SERVIR   

      Para ilustrar esta exposición sería importante leer en Génesis cap. 22:1/14.  El escritor sagrado haciendo referencia al citado capitulo nos dice: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que  había recibido las promesas ofrecía su unigénito.” … Hb.11:17/19
      Abraham no solo se puso en camino obedeciendo a Dios, sino que prosiguió adelante hasta el mismo lugar donde Dios le había designado. Solamente en cuanto y tanto, marchemos por fe, podremos empezar, continuar y acabar nuestras obras en Dios.
      Abraham no se acercó a Dios de labios, no, él no dijo “voy Señor” dejando de ir; él fue porque todo era una profunda realidad de obediencia a la fe.
      Es fácil a veces, hacer alarde de obediencia y abnegación, cuando no se nos pide manifestación de las mismas. Es fácil precipitarnos a decir:  “Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado. Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré.” (Mt.26:33/35)
      Pero aquí de lo que se trata, de lo que se está tratando, es obrar (obedecer) y no hablar, de permanecer firmes en la fe y soportar la prueba. Cuando Pedro fue puesto a prueba quedo aplastado; la fe nunca puede alardearse de lo que quiere hacer, sino hace lo que puede mediante la potencia del Señor.

      II.- LA OBEDIENCIA QUE NACE DE LA FE    

        Hemos estando comentando la importancia de la fe, en lo referente a nuestra relación con Cristo y con respecto a nuestra posición como hijos de Dios, veamos ahora la importancia de la fe en acción.
      Es cierto que Abraham fue justificado – por la fe – cuando creyó a Dios (Gn.15:6 – Ro.4:3) y también fue justificado y reconocido, cuando ofrecía a su hijo Isaac en el altar del monte Moriah. (Sg.2:21/23

      En el primero de los casos, nos explica el secreto de la posición de Abraham ante Dios, - fe, creyó;  el segundo nos muestra a Abraham ejerciendo esa misma fe, promoviendo su obediencia a la exigencia o mandamiento de Dios.
      Es muy conveniente recordar esta diferencia; pues no hubo voz del cielo cuando  Abraham creyó a Dios, no obstante viéndole y teniéndole entonces por justo. (Gn.15:6)  Pero cuando hubo puesto sobre el altar a su hijo para ofrecérselo a Dios en sacrificio, entonces sí que la voz de Dios pudo decir:  Ya conozco (Gn.22:12)

      Hasta entonces no se había dado la prueba; la fe existía sin duda alguna y estaba allí, Dios lo sabia; pero el punto importante aquí, es que Dios hace depender de esa fe, la prueba misma en demostración de obediencia y abnegación en el altar del monte Moriah.
      Así concluimos diciendo con Santiago 2:22 que, la fe se manifiesta siempre por las obras, son sus frutos.(Mt.7:20)  Necesitamos tanto lo uno como lo otro; puesto que el principio interior de nuestra fe no va sin la vida exterior, precisamente como ésta no tiene valor ni poder, sin el principio interior de nuestra fe, que todo lo ha de promover y originar. (Sg.2:22-26)

      El apóstol Pedro nos dice: “ para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” 1ª.Pdr.1:17)

      La fe de Abraham fue puesta a prueba al ofrecer a su hijo, pero quitémosle esa fe y Abraham entraría en toda clase de críticas y juicios, presentándonoslo como a un insensato infanticida. Pero si por el contrario tomamos su fe en cuenta; se nos manifiesta como obediente, adorador fiel y abnegado, cual hombre creyente en Dios y justificado por sus obras. (Sg.2:1/22)  Y desde entonces los creyentes y el Mundo entero, tuvimos la prueba irrefutable del hecho portentoso, que Abraham era ya un hombre justificado y ahora reconocido por aquel que desde los cielos pudo anunciar al Mundo, con el gran grito de testimonio.  “ YA CONOZCO QUE TEMES ADIOS. (Gn.22:21)

      La exposición que he presentado ante vosotros, mis muy apreciados lectores, sobre la obediencia ( que nace ) de la fe, pone de manifiesto la gran responsabilidad que tenemos ante el Mundo que nos rodea, sobre el profesar de la fe. El “Ya conozco” corre como un eco por toda la Escritura, enseñándonos y exhortándonos a todos y cada uno de los creyentes a manifestar exteriormente nuestra fe: De los apóstoles decían las gentes que conocían que habían estado con Jesús: El apóstol Pablo nos recuerda que somos epístolas vivas. (2ª.Cor. 3:2/3)

      El capítulo 11 de la epístola a los Hebreos, es un fiel exponente de la fe en acción, es manifiestamente “la obediencia (que nace) de la fe. )

      En nuestros tiempos, es necesario PROMOVER  la obediencia a la fe, para que nuestras vidas sean reales, autenticas, justificadas y reconocidas por todos, como nacidas de la fe en Cristo Jesús Señor Nuestro.

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra (fe) esperanza, porque fiel es el que prometió. (Hbr.10:23)

  Vicenteibanezsaez@hotmail.com                                                                 V.Ibáñez      

 

 

 

 

 

 

 

     

 

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